( Carta Abierta a Moviestar 1)
Balada para la muerte de mi teléfono móvil
Cuando uno recarga su tarjeta de prepago, está pagando por algo que no ha recibido y que, en algunos casos puede que nunca recibirá porque, un patatús en la esquina o un conductor borracho en la manzana le cortó la inspiración.
Por Rubén Adrián Valenzuela
Perdonará Ud. que no la trate de señora, porque hace mucho tiempo que perdió todo atisbo de decencia y cada día que pasa se comporta peor que esas pobres putas tailandesas, que hacen lo que hacen por obligación (las explotan) y por hambre.
Pero Ud... Por qué hace Ud. todas estas marranadas? ¿Qué necesidad tiene de birlarle los cacahuetes a un niño si todos sabemos a Ud., los cacahuetes le sientan fatal y después se manda unos pedos que no hay Dios que aguante?
De verdad, me gustaba usted un poco más cuando todavía se llamaba Telefónica y era de todos los españoles, que con sus impuestos y sus facturas (algunas veces infladas malamente, como ya sabe) contribuyeron a que se convirtiera en un impero global que habla varios idiomas, tiene casas en las playas y plazas de España, castillos en Europa, palacios en Santiago de Chile, Lima, Buenos Aires, Río de Janeiro y un largo etcétera y hasta acciones en la Fórmula.
Con los dineritos españoles creció, se hizo guapa y apetecible, hasta que vino un chulo pepero (al que le gustaba poner las patas sobre las mesas de centro en la Casa Blanca) y la entregó al mejor postor, sin acordarse para nada de los que le habían apoyado en sus comienzos y ni un café cortado gratis tuvieron los Pedro, los Juan, los Diego y las Mariscas que se habían rascado el bolsillo para que el país, después de una guerra filial y detestable, tuviese al menos buenas comunicaciones telefónicas. En fin, creo que a eso le llaman "El pago de España".
Ahora Ud., se llama Moviestar porque parece que le da vergüenza llamarse Telefónica, como aquellas señoras de pueblo que antes se llamaban Ana María y ahora se hacen llamar Ann Marie o se llamaban María Isabel, como las bautizaron a pié de pila y ahora se llaman, en el mejor de los casos Marisa, porque a algunas les ha dado por hacerse conocer como Marsa, Masiel o Misha... Allá cada uno con su psiquis.
Pero... ¿Y Ud., de qué se las da? Movie es palabra inglesa y significa película. Y Star remite, también en la lengua de Whalt Withman, a estrella. ¿O sea que usted se siente estrella de película? Ja, no me ha reír que se me puede escapar un "pe", pero no rockero. Si es Ud., más ladrona que gato de campo y ya no se conforma con tener a millones de clientes que tributan religiosamente, cada uno de sus caprichos, sino que además les roba y desvalija con total impunidad.
Mire, el año pasado, cuando faltaban dos o tres días para la llegada de 2011 fui a una de esas tiendas que usted ha sembrado por todo la geografía y que tienen ese logotipo tan gracioso (que dicen que es plagiado aunque no me consta), que visto desde arriba parece un par de cuernos mal ensamblados de vaca ( de toro no porque esos son más caballerosos) y recargué convenientemente mi móvil de prepago (hice lo propio con el de mi hijo menor), con la esperanza de que cuando llegase la noche de las campanadas y las uvas mi familia y mis amigos pudieran comunicar conmigo y yo con ellos sin dificultades. Pero no hice más que retirarme del kiosco cuando comencé a recibir mensajes suyos no pedidos. El primero me felicitaba por haber hecho una recarga tan jugosa (hay que ser muy huevón para que a uno lo feliciten por ser un baboso, crédulo de los mensajes publicitarios) y añadía que por haber hecho lo que hice me había ganado un premio que, si quería descubrir en qué consistía, debía pasar un mensaje al... o llamar al...
A nadie le amarga un caramelo, pensé, sin imaginarme lo venenosos que son los caramelos que Ud., reparte y pisé el palito. Pasé al primer mensaje y comenzaron a llover otros en los que se me anunciaba que podía pasar sms gratuitos a todos mis conocidos con terminales Moviestar durante toda una semana. Le hice caso y usé dos pequeñas parte de mi premio, pero usted se las había ingeniado para que me chuparan y chuparan... el saldo que yo quería guardar para llamar a mis seres queridos en las horas de Fin de Año. Había también advertencias de que no podía revertir la recarga, no podía rechazar sus sms entrantes y así, hasta el infinito. ¡Qué grandísima pelandusca es U., señora Moviestar! ¿Cómo se le ocurrió este sistema de empelotar al personal? ¿Quién fue el genio que le hizo el programa para que pudiese dar el tirón sin salir a la calle? ¿Qué no le basta haber recibido dinero fresquito, limpio de polvos y de pajas, sin tener que haber dado nada a cambio? Porque cuando uno recarga su tarjeta de prepago, está pagando por algo que no ha recibido y que, en algunos casos puede que nunca recibirá porque, un patatús en la esquina o un conductor borracho en la manzana le cortó la inspiración?
Mire, doña Muvie... Pasé el fin de año con dos euros en la recámara, que no me sirven para hace ninguna llamada, ni pasar ningún mensaje, más allá de los Pirineos (no digamos más allá de ese charco que Ud., cruzó para ir también a empelotar y en sus barbas a los pobres sudacas). ¡Y!, mala pécora, ahora me pasa mensajitos ofreciéndome crédito para recargar mi tarjeta hasta que vuelva a tener un billetito gordo... Pero no!! NO volveré a usar el 669 375276 nunca más. Lo dejaré que se muera hasta que pase al olvido y mis necesidades de comunicación las solventaré con otros servidores, probablemente tan proxenetas o tan putas como Ud., porque viven intentanto copiarla. Pero al menos Ud. Movie de los cojons, no volverá sacarme ni un centavos más de mis prepagos, porque hasta del fijo que mantengo contratado con la ex Telefónica, lo daré de baja. ¡Que le den! (rubenadrianvalenzuela@yahoo.es)