Por Rubén Adrián Valenzuela
Benedicto XVI iniciará el sábado, a las 21,45 horas una visita a Barcelona, rodeado de un ambiente enrarecido por las sospechas de que "viene a promover la canonización del arquitecto que diseñó y comenzó la construcción de la Sagrada Familia". También se ha cuestionado el elevado presupuesto del acto y el hecho de que vaya a entrar en la ciudad en un coche cubierto, del cual no saldrá para saludar a los fieles. Aún así se espera que unas 400.000 personas asistan, el domingo, a la consagración del templo, todavía en obras, que está considerado una de las maravillas del mundo moderno.
Por Rubén Adrián Valenzuela
Veintiocho años después de que el Papa Juan Pablo II visitara Barcelona (también un 7 de noviembre), la ciudad se prepara para recibir a Benedicto XVI, quien del aeropuerto se irá directo a la cama, en el palacio episcopal de la Ciudad Condal.
El Pontífice, que vendrá de una jornada de ocho horas en Santiago de Compostela, viene a consagrar como basílica el incompleto y monumental templo construido por Antoni Gaudí, conocido como la Sagrada Familia, en un acto cargado de diversos significados y mucha polémica: Bajo el emblemático conjunto arquitectónico se ha estado construyendo un túnel que cruza la ciudad para dar paso al tren de alta velocidad, AVE, y que muchos, inluídos organismos internacionales como la UNESCO, cuestionaron. El temor a que las excavaciones subterráneas pudiesen causar daño a la obra del genial arquitecto catalán -a quien ahora el Vaticano pretende canonizar-, ha hecho correr cataratas de tinta y papel.
Hoy el cardenal arzobispo de Barcelona, Lluís Martínez Sistach dijo a algunos periodistas, entre quienes estaba este corresponsal de Cambio21 que "el Papa Benedicto viene a una fiesta" y añadió que el caracter del viaje "es pastoral", desautorizando así a quienes creen que se trata de "una promoción para la causa de la canonización" de Gaudí.
Con todo y que estas palabras, pronunciadas con distinto énfasis en la última misa del domingo anterior a la llegada del Papa, el cardenal Martínez Sistach no ha logrado desarmar los ánimos. También se ha cuestionado el elevado coste de la visita papal -algo así como tres millones y medios de euros- y el hecho de que el pontífice de Roma se vaya a reunir antes, en privado con el derechista líder de la oposición, Mariano Rajoy, antes que con el presidente del Gobierno español, José Luis Rodríguez Zapatero. A éste sólo lo verá en el aeropuerto, minutos antes de su regreso a Roma.
Como si todas estas cuestiones no fuesen ya muy espinosas, algunos sectores políticos, entre los que hay también algunos representantes de la Iglesia Católica Catalana han cuestionado que Benedicto XVI haga su entrada en Barcelona en un coche negro, cerrado y blindado, que no se detendrá frente la catedral para saludar a los fieles allí apostados. El vehículo, identificado con la matrícula del Estado Vaticano, disminuirá su velocidad a poco más de 25 kilómetros por hora, lo adecuado para que cruce sin dificultades el amplio portalón del palacio donde el pontífice pasará la noche. (
rubenadrianvalenzuela@yahoo.es)