martes, 21 de septiembre de 2010

 

 

 

Mario Luís Rodríguez Cobos, Silo, murió en Mendoza, Argentina, el pasado 16 de septiembre de 2010 pero ninguno de los grandes periódicos europeos (tampoco la televisión), informó del hecho. Así se silencian las grandes iniciativas y propuestas humanistas que provienen del otro lado del Atlántico y que, sin embargo, están allí, construyendo “la vida que vendrá”.

 

Por Rubén Adrián Valenzuela, desde Barcelona España     

 

 

 

 

 

La de Silo era una muerte anunciada. Tenía sólo 72 años, pero le fallaban los riñones (le habían propuesto un trasplante, que rechazó) y padecía de hipertensión. Pero se negó a toda clase de cuidados y tratamientos y no quiso ninguna de las soluciones que le propusieron para alargar su existencia. Decía que la vida había que vivirla con calidad o no.

Mario Rodríguez, El Negro, como le llamaban sus miles de seguidores en los cinco continentes, fue un escritor prolífico y discutido, que tan pronto provocó las iras del Comunismo Internacional como del capitalismo y el cristianismo más conservador. Sus propuestas, recogidas en libros, cuentos, artículos de prensa y cientos de conferencias en todo el mundo, forman un verdadero legado de humanidad que cada vez interesa más a las nuevas generaciones de ciudadanos.

“Sus enseñanzas cambiaron mi vida”, dice Graciela Rizzolo, empresaria vinculada al mundo de la moda en Sitges, Barcelona y Buenos Aires. “Yo le estaré siempre agradecida” -añade- y creo que su muerte es una pérdida no sólo a nivel personal, sino para toda la humanidad".

Graciela, lo mismo que María Luisa B., en Barcelona, estaba alejada desde hace años del movimiento humanista que inspiró y lideró Silo desde comienzo de los años ‘70 del siglo pasado. Pero ambas reconocen que su obra es trascendente y duradera.

“De hecho” -enfatiza María Luisa-, “su muerte me sorprendió muchísimo porque había llegado a convencerme de que El Negro era un inmortal. Él era uno de esos seres que vienen a la vida para ayudar a la humanidad con sus mensajes. Y alguna de sus enseñanzas han dejado huella en mí, como esa afirmación del libro “Humanizar la Tierra”: “No eres un bólido que cae, sino una  brillante saeta que vuela hacia los cielos”. Luego menciona otro de los textos clave en la producción literaria de Silo, “El paisaje interno”, que según ella, caló profundamente su ánimo: “Ama la realidad que construyes”.

Desde Santiago de Chile, Gloria Mujica, escribe que Silo fue su guía espiritual y su referente y que “tuvo bondad y cariño, ayudándome con sus enseñanzas para integrar la separación física cuando mi hijo mayor viajó hacia la Luz”. Alude así a la muerte, en un accidente doméstico, de su hijo Mauricio.

En España, en cambio, las ideas y las propuestas de Silo fueron perseguidas con saña y obstinación, hasta el extremo de que el Congreso de los Diputados propició una declaración (que más tarde cayó en el descrédito) donde se acusaba al Partido Humanista de ser una secta peligrosa. Uno de los instigadores del pronunciamiento parlamentario fue el periodista y escritor Pepe Rodríguez, quien en su juventud formó parte del entorno personal de Mario Rodríguez.

También el escritor argentino, residente en Sant Pere de Rivas, Lázaro Covadlo, que inicialmente firmaba como Eduardo, promovió las ideas de Silo en un libro, hoy considerado de culto, que tituló “Crónicas de le Nueva Era”, del cual más tarde abjuró.

Silo comenzó su andadura pública en una histórica jornada, el 4 de mayo de 1969, cuando ante unas 200 personas pronunció una arenga en Punta de Vacas, un agreste paisaje de la cordillera de los Andes. “La curación del sufrimiento”, considerada hoy la base ideológica del Movimiento Humanista, conmovió hasta sus cimientos todo el pensamieto político de izquierdas de la época. Las ideas sobre el dolor y el sufrimiento, la violencia, el deseo y el placer se divulgaron por todo el planeta (en Senegal hubo un Gobierno encabezado por un presidente inspirado en los principios del Humanismo de Silo) y están desarrolladas y ampliadas en una copiosa producción literaria, de la que hablaremos la próxima semana. (rubenadrianvalenzuela@yahoo.es) Traducción L’Eco de Sitges.

 


Publicado por R.A.Valenzuela @ 16:49
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