POR RUBEN ADRIAN VALENZUELA.- Nunca he aceptado colaboraciones en mi blog, porque aparte de que me siento capaz de mantenerlo al día con temas actuales y de interés general, creo que alguna vez tendría que enfrentarme a la disyuntiva de censurar (cosa que no me gusta) o dar cabida a temas y opiniones que no comparto (cosa que me disgusta más todavía). En el caso de este trabajo de Jaime Richart no sólo no he tenido dificultades para elegirlo, sino que creo que pocas veces me he sentido tan identificado con las opiniones de alguien como en esta ocasión. Y tengo la convicción de que yo no habría sabido explicarlo con más acierto y claridad. Sólo añadiré, a riego de que me califiquen de homófobo, (que no lo soy y disfruto de la amistad de muchos y muy dignos homosexuales y lesbianas) que Pedro Almodóvar me disgusta porque consigue que la homosexualidad parezca algo grotesco y sin nobleza, ridículo. (rubenadrianvalenzuela@yahoo.es)
Los mediocres son los más funestos en la vida social. De ellos está plagada la política y el arte. Pero el mediocre puede redimirse de la ridículez común a todos ellos. ¿Cómo?, pues manteniéndose al margen de los temas espinosos por definición. Pues bien, siendo Almodóvar mediocre como artista, que a mi juicio lo es, más mediocre es pensando la política de coyuntura.
Siempre había tenido a Almodóvar por un director de cine de segunda categoría y además de gustos sórdidos bien alejados de los míos. He visto una sola película suya y me ha bastado. Mi numerosa familia me ha corroborado la impresión que siempre tuve acerca de él y de su filmografía. Ahora, con esta cacerolada que orquesta Almodóvar contra Cuba, no hace más que confirmar las dos cosas: que es un director mediocre y que es sórdido y por eso quiere lavar su sordidez atacando por el flanco fácil a Cuba. Un director de verdadera categoría, con seso, hubiera sido valiente y se hubiese posicionado justo en sentido contrario.
Cualquiera que tenga algo de interés en la mollera se da cuenta de que en todas partes hay presos políticos. Lo que hacen los Estados mentirosos es camuflar las motivaciones políticas de fondo en delitos comunes. Tenemos el ejemplo de España donde hay más presos políticos, encarcelados por apoyar el independentismo vasco y hacer apostolado de soberanismo, que presos cubanos en Cuba por intrigar contra el Estado cubano. ¿Cuántos están entre rejas en Estados Unidos, que antes no hayan sido víctimas de ajustes de cuentas o liquidados por sus ideas comunistas? De esta peripecia no se ocupa ni siquiera Amnistía Internacional aunque por la naturaleza de las cosas, por la índole de la política y porque eso lo explica simplemente el pensamiento mutilado yanqui de carácter general, es exactamente lo que ocurre allí, en Estados Unidos.
Almodóvar es un tipo del "régimen español", como antaño había devotos del régimen franquista; un protegido del españolismo manchego que ahora, después de haber disfrutado de Cuba en sus múltiples visitas, apuesta a ganador fijo porque el mundo que le ha gratificado por arriba es más grande en extensión que el del minúsculo Estado cubano. No es una simple expresión de su libertad de expresión. El va con los más fuertes. Almodóvar se ajusta exactamente al apotegma de Churchill: ése que dice que el que tiene 60 años y no es de derechas, es que no tiene cabeza. Claro que más bien hubiera debido decir Churchill que no tiene cabeza el que no es oportunista. Y Almodóvar lo es, además de ser un director mediocre y sórdido con visos de haber disfrutado en su infancia de sesiones pederastas. Esto explicaría no sólo su sordidez habitual, sino también su cobardía al no haber salido ya del armario confesándose algo tan natural como es ser homosexual (algo que desde la "Movida" de Madrid lo atestiguan algunas personas a quienes conocemos), y el arremeter ahora estúpidamente contra la Cuba que le dio de comer. (POR JAIME RICHART) Publicado en Argenpress.-
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