jueves, 18 de febrero de 2010

En Sitges con el gran artista chileno Fernando Krahn. Por Rubén Adrián Valenzuela. Desde España, especial para Cambio21
( Lo siento mucho: esta noticia me ha golpeado con una crueldad que no esperaba. Pocas horas antes de su muerte Fernando me invitaba a su casa "para tomar un tecito", pero lo fui postergando y postergando y no llegué nunca a esta cita. Mis últimas conversaciones con él estuvieron marcadas por la muerte: recordamos a su desaparecida esposa, la escritora María de la Luz Uribe y a su hermano mayor, muerto trágicamente en un accidente en el desierto de Atacama. Cuando me reponga de este dolor, les contaré más. Ahora ni rezar puedo). 

Fecha de publicación: 15-08-2009

 

La casa del artista Fernando Krahn, en la localidad Sitges, es para mí un sitio obligado de visita. Si el tiempo lo permite y las circunstancias lo ameritan, claro. Porque Fernando -y hace unos años su difunta esposa, María de la Luz Uribe- ha sido siempre una especie de imán que atrae a las más variopintas personalidades y a las que él, mal que le pese, no siempre puede atender como quisiera. Unas veces porque le falta tiempo.


Otras, simplemente, porque quienes rompemos su rutina le debemos resultar unos pelmazos... Hace poco me decía, acerca de una especie de euforia creativa que le ha invadido, que siente "una urgencia absoluta de hacer cosas, no porque crea que me voy a morir, sino porque me falta tiempo". Y hablamos de la producción de los años finales de genios como Picasso, que a más de abundante, fue espectacular, lo mismo que en el caso de Joan Miró.


"Y es que uno siente que el tiempo se le hace poco y tiene la necesidad de decir muchas cosas". Y a propósito de invitados inesperados, permitan que les cuente una anécdota en casa de los Krahn: Una vez, hace años, sonó el timbre de la puerta, a eso de las cinco de la tarde, hora en que los niños ya van de vuelta de sus colegios a casa. Abrió María de la Luz, quien se encontró con un grupo de chavalitos capitaneados por uno que espetó:.


"Tu eres escritora, ¿verdad?. "Sí", respondió, entre acongojada y divertida, la anfitriona. "Pues, ¡venimos a que nos cuentes un cuento!" De verdad. Es que esa esquina de las calles Isla de Cuba y Sant Gaudenci, de Sitges, se me antoja mágica. Luminosa casi. Y pienso que como a mí, a cientos de otros habitantes de esta ciudad, les debe pasar lo mismo. Mi hijo Imanol, cada vez que pasamos por allí, lanza una exclamación:


"Aquí vive tu amigo el de los dibujos de los Reyes Magos y una estrella! (El libro se repartío en los colegios, pero antes Fernando había tenido el detalle de regalarle uno, autografiado, a mi pequeño). Esa casa y sus moradores guardan recuerdos alucinantes. Imágenes de visitantes ilustres como Gabriel García Márquez, José Donoso, Nemesio Antúnez y un largo etcétera. Pienso que, alguna vez, con el paso del tiempo, habrá un museo allí y el sitio será lugar de visita obligada para turistas y buscadores de curiosidades culturales. Y a propósito de curiosidades, les cuento otra:


Si un día -que ojalá nunca llegue- en esa esquina cayese una bomba, o se declarase un incendio, podría irse todo al suelo y resultar destruido ; menos las obras, dibujos y viñetas con que se ha hecho famoso Fernando Krahn. Están celosa y adecuadamente protegidas en una caja fuerte, grande como un armario y firme como la bóveda del Banco de España. Es que la posteridad hay que cuidarla como a un bebé que comienza a dar sus primeros pasos.


El otro día, en la cocina mientras tomábamos una taza de té, le pregunté a Fernando por la crisis que desataron los dibujos de Mahoma. Y el primer sorprendido fue él, porque con lo importante que es dentro del mundo de la ilustración, nadie hasta ahora -ni periodistas locales ni nacionales- le había hablado del tema. No le gusta, claro. Cree que se ha hecho un daño a la libertad de expresión, no sólo porque ahora habrá asuntos que todos los dibujantes considerarán tabú, sino porque los dibujos cuestionados "son parte de un aparato proselitista".


Fernando, cuya biografía, con lista de premios y de lugares en los que ha trabajado y de libros que ha publicado, necesitaría de un diario con muchas páginas, dice que siente admiración por el trabajo de los dibujantes políticos pero que prefiere dejar ese campo para otros. Lo suyo es el dibujo o la viñeta que hace reir y pensar. "Creo" -dice- " que básicamente hay dos tipos de dibujantes en este trabajo: los independientes y los que están al servicio de una ideología. Son los primeros los valiosos, pues nos hacen reflexionar ante una realidad incierta".


Krahn cree que los dibujos que ofendieron a la comunidad musulmana, eran innecesarios porque además "artísticamente eran muy malos", pero entiende que quienes los hicieron pertenecían al grupo que él denomina ideológico y que actuaron para atender "el juego político del periódico" (que los encargóGuiño. Y está convencido de que reirse de una raza o de una religión "es una ofensa innecesaria". Y acerca de los trabajos de los dibujantes daneses, opina que "no se deben haber imaginado la repercusión de sus actos", provocando un estado de cosas que coarta desde ahora la libertad de expresión de muchos caricaturistas en todo el mundo. (rubenadrianvalenzuela@yahoo.es)

 










Tags: Algún día lo contaré...

Publicado por Desconocido @ 23:20
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