Alarido y dolor por la historia de Irene
Por Rubén Adrián Valenzuela desde Barcelona, España.
Especial para Cambio 21
Hoy es uno de esos días en que mandaría todo a la mierda; en que, en vez de escribir ladraría o lloraría y me cagaría en la madre que parió a todos estos cabrones que un día alguien nos dijo que eran hermanos. Quise salir a patear piedras por los caminos y lloré como hace tiempo no lo hacía, porque no puedo hacer nada más que hilvanar estas palabras que, ojalá, lleguen a los burócratas y mentecatos que gobiernan en Chile, pero que para llegar a gobernar han jurado y rejurado que arreglarán estas cosas y que a los chilenos nunca más nos patearán el culo o nos llamarán sudacas, como acostumbran a hacer en nuestra "Madre Patria".
Ja!!!
Irene es una de esas compatriotas nuestras que un día, ante lo mal que le iban las cosas en el país, se lió la manta a la cabeza, juntó uno pesitos, pidió unos cuantos créditos y amarró con su madre o con su hermana (o con ambas), que por un tiempo se hicieran cargo de sus dos chiquillos.
Se vino a España sin sus hijos, porque éstos eran ya adolescentes y pagaban billete completo en el avión. Los dejó para que siguieran estudiando y preparándose. Cuando ella les mandase llamar, vendrían con todos los papeles en regla y aquí podrían empezar una nueva vida, optando a la universidad si les apetecía "porque en España hay oportunidades para todos y se puede estudiar con ayuda del Estado".
¡Qué equivocada estaba Irene!
Aquí le dieron la oportunidad de fregar escaleras, lavar baños en bares y restaurantes inmundos, vender corsetería y trajes de baño en la playa... Nunca con contratos, jamás con horarios decentes, fines de semana libres o vacaciones pagadas. Pero lo hizo y curró y luchó hasta que una profesional de un hospital catalán la llevó a su casa, con contrato y sueldo decente. Debía encargarse de cuidar a una enferma (una señora muy mayor), hacer las compras, llevar la casa y cocinar algunos días (la liberaban de esta labor cuando la dueña de casa no iba al hospital). Comenzó los trámites para legalizar su situación y hacia pocos días el abogado le había dicho que se fuese preparando: que le iba a llegar una carta y con ella en la mano, debía presentarse a la Policía Nacional y que, una vez cumplido este trámite, ya podía llamar a sus hijos para decirles que hicieran el equipaje: se vendrían a España.
El domingo, de madrugada, la llamaron de Chile (pudo ser de Bolivia, Paraguay, Ecuador, Argentina, Perú o Colombia, lo mismo da), para decirle que sus dos hijos, el mayor de 21 y el menor de 14, habían sido arrastrados por la corriente de un río cerca del cual acampaban con otros amigos y que sólo el más grande había conseguido llegar a la orilla. Al otro, al pequeño, lo seguían buscando hasta el momento de escribir estas notas...
¡Y entonces España! Que ya hizo y deshizo todo lo que le dió la gana en nuestra América
Morena...
Cuando Irene, hecha un mar de lágrimas y sin comprender nada de lo que pasaba en su entorno se presentó en el aeropuerto, le informaron que no podía viajar porque uno de los documentos que portaba (no sé bien si el pasaporte o el permiso de residencia temporal) estaba vencido. Estaba de modo ilegal en el país y ¡DEBIAN ARRESTARLA!
La intervención, desesperada, de la mujer que la tenía contratada y la aparición de un abogado al que llamaron de urgencia, desbloqueó la situación: NO LA DETENDRÍAN, pero debían expulsarla legalmente del país, para que no intente volver a Europa, al menos en cinco años.
Justicia a la española le llaman. Y se quedan tan panchos. El Presidente Lula, del Brasil resolvió esto de una patada: También hay justicia a la brasileña y, en reciprocidad, no permitió que los españoles sin visado entrasen al país. Hasta que La Moncloa con el "¿Por qué no te callas?" rey Juan Carlos a la cabeza, se bajó los pantalones.
¿Tendremos, alguna vez, los chilenos, gobernantes decididos a hacer que nos respeten en el mundo?
Por favor, perdonen mi vehemencia y hagan que esto circule. El dolor de Irene ha de ser nuestro dolor y la fuerza que nos haga denunciar las injusticias.
(rubenadrianvalenzuela@yahoo.es)