miércoles, 28 de octubre de 2009


Por Rubén Adrián Valenzuela.-  Se puede ser creyente o no, cínico, místico, conservador o contestatario, pero no se puede negar que están aquí. Somos nosotros mismos, seres llenos de luz, que hemos comenzado a ver cómo, en medio de tanta oscuridad, la verdad y el amor pueden ser resplandenciante. Lean atentamente lo que aquí se cuenta. 
 
 
 
Vivimos tiempos extraños: los señores catalanes roban hasta el hartazgo y después de pedir disculpas se van a su casa a mirar por televisión cómo les juzgan. Alguno, muerto de hambre, se roba una barra de pan, pero sólo consigue media, porque la encargada se le resiste y se queda con la otra mitad. Y como robar media barra de pan no amerita siquiera un juicio de faltas, le incriminan con el agravante de violencia (para que se rompiera la barra de pan hubo que hacer un poco de fuerza, claro), y acaba con sus huesos en la cárcel.
Dicen que los ángeles no tienen sexo y que se pasean entre nosotros cual ejército celestial, preocupados ante el cariz que están tomando las cosas en nuestro mundo.
Son como nosotros, seres llenos de luz, dispuestos a ayudarnos tanto si creemos en ellos como si no.
Mezclados entre los violentos, los indiferentes, los enamorados, los futbolistas, los escritores, los administradores del Palau de la Musica o los seguidores del Barça, van en los aviones, los trenes y los autobuses.
Montse Ventura Grau, por poner un ejemplo, se encontró con un angel a las 14 horas del 22 de enero de este año. Ese día ella iba en un autobús de la línea 64, en Barcelona, cuando una mujer de mediana edad se sentó enfrente suyo. Después de mirarla insisténtemente, escribió algo en un papel y se lo dio, a la vez que recomendaba: "Hazte este análisis en cuanto puedas, porque cuando acudís a la consulta ya estáis muy mal". Montse guardó la nota, dejó pasar un tiempo pero en cuanto tuvo oportunidad, acudió al ginecólogo para una revisión anual. Pidió entonces que junto con la analítica de rutina, añadieran las pruebas que mencionaba el papelito de la misteriosa mujer.
"Grande fue mi sorpresa" -dice Montse en carta dirigida a La Vanguardia-, "cuando me dijeron que en los resultados salían muy alterados unos parámetros hormonales. Y tras los resultados, me operaron de un tumor en la hipófisis. El tumor ha sido cogido a tiempo, pues era muy pequeño. Yo hubiera empezado a sentir los síntomas en unos cuatro años más, pero ya habría sido tarde para intervenir".
Montse, que no recuerda casi la cara de la mujer que la abordó en el autobús, dice que el endocrino que la atendió cree que esa persona "debe ser una superespecialista en hipófisis ya que incluso con análisis de rigor habría sido difícil descubrir esa enfermedad".
La desconocida, que dijo a Montse que aún estaba a tiempo de tratarse, escribió: "Hormona del crecimiento y somatomedina-C, cosas sobre las cuales la medicina tradicional española tiene pocos conocimientos. Se dice que hay más de 7.000 personas afectadas de ese mal, pero que cuando van al médico a explicar que no se sienten bien, nadie sabe exactamente qué hacer y copmienzan a mandarlos de uno a otro lado hasta que un día ya no hace falta intervenir...
 
Al Lama le dolía la cabeza
 
Al actual abad del Monasterio Budista de El Garraf, también se le apareció un angel en el autobús. El vehículo subía de mar a montaña por Mayor de Gràcia cuando un hombre le abordó para preguntarle si le dolía la cabeza. El hombre tenía un fuerte acento argentino y no ofrecía ningún servicio. "Sólo quiero que lo vea mi mujer", dijo.
El Lama, sin saber por qué, lo siguió dócilmente, hasta un modesto apartamento en el barrio de Gràcia y allí una mujer que salió a recibirles, le dijo en la puerta: "Hijo mío, te está matando un dolor de cabeza. Casi no puedes pensar". Le impuso las manos y le explicó que lo suyo no era una enfermedad, sino una sobrecarga de energías sanadoras que, al no canalizarse para ayudar a otros, no tenían salida y provocaban esos dolores. El Lama Jamyang Tashi Dorjé Rimpoché, que nunca pensó dedicarse a sanar enfermedades y practicar la imposición de manos, destina ahora gran parte de su tiempo a curar enfermedades difíciles. Dice que alguno llegó a verle en silla de ruedas y se fue caminando, "todo gracias a un angel". (rubenadrianvalenzuela@yahoo.es) Traducción: L'Eco de Sitges. 

Tags: Milagro en la línea 64

Publicado por Desconocido @ 20:00
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