miércoles, 21 de octubre de 2009
RUBEN ADRIAN VALENZUELA, DESDE BARCELONA.-Una reciente colaboración en el semanario The Paskin, que dirige desde Rancagua Luigi Salerno, ha provocado un furibunDo y malintencionado intercambio de cartas, con las que algunos pretenden enlodar la transparencia y fidelidad de mi trabajo. Os invito a conocer mis respuestas.



Yo puedo recibir insultos y proferirlos, si se da el caso (prefiero que me quieran, como me dijo un día Gabriel García Márquez cuando le entrevistaba en el ex Instituto de Cooperación Iberoamericana), pero en general puedo discutir ideas y posiciones ideológicas sin perder las buenas maneras y el lenguaje comedido. Lo que no soporto son los Anónimos. Ya recibí muchos mientras estaba en Chile, trabajando para el diario que tan mal me pagó. Cuando escribí "La Cárcel por dentro" me llamaban de madrugada o en plena noche para insultar a mi mujer y mis hijos. Me invitaban a dejar Chile, a radicarme en Cuba o a tirarme de cabeza al río Mapocho. Siempre sospeché que los cobardes que se ocultaban en el anonimato eran los mismos que torturaban en las cárceles secretas de la DINA. Una madrugada me llamaron para avisarme de un incendio que iba a ocurrir en el colegio al que iban mis dos hijos mayores, pero la llamada se hizo a un número de teléfono que no llevaba ni 24 horas en mi casa. O sea, no valía de nada cambiar el número cada tantas semanas. Ellos lo controlaban todo. Qué duda cabe que detrás de la firma "Simon Templar El Santo", hay uno que no quiere dar la cara (lo cual es un dicho, porque de lo que se trata aquí es que den un nombre y ojalá una dirección de correos, por si fuese necesario contestar directamente. El "defensor" de The Paskin no entendió nada, porque mi amiga no dijo ella que se trataba de un diario "Mala leche". Es el apellido, confeso, del periódico y yo estoy encantado de la acogida que me han dado, tanto que hasta me emocionó la carta de Luigi Salerno, en la que me contaba la reacción de Los Vagos de la Plaza cuando se enteraron de que yo estaba dispuesto a cederles algunos de mis trabajos. Sobre The Clinic no sé si mi amiga lo leerá o no, pero puedo decir que yo lamento que no me hayan aceptado algunos escritos que les mandé, porque se que han decidido jugarse por la versión de mi ex jefe "cobarde y pusilánime" de la Magallanes. En Ocasión de un viaje mío a Chile, donde coincidí con el Premio Nobel de Literatura José Saramago, lo hice hablar de uno de los temas principales que llevaba The Clinic en su tercera o cuarta edición. (trataba de una militante comunista a la que acusaban de terrorismo, se estaba muriendo en la cárcel y el gobierno de Frei no quería indularla) Así fue mi apuesta por ese medio. Me gustó desde las primeras apariciones y me alegro de la evolución y aceptación pública que han vivido. Lo que El Santo pide a la persona que me escribió, es más o menos lo mismo que Máximo Kinast me exige a mi: Que uno piense, opine y diga lo que ellos quieren escuchar y si no, se convierten en tus jueces. Me imagino que muchos de los que han leído las notas que se intercambiaron en esta falsa polémica, estarán alucinando, como yo, ante la interpretación que ha hecho, Máximo Kinast, de mis afirmaciones. De partida parece que no conoce el refranero popular, porque no se entiende que haya interpretado que lo acusé de ladrón, sólo porque usé esa sentencia: "Cree el ladrón que todos son de su condición". Es una frase hecha, que no pretende, ni por asomo, sugerir que él sea deshonesto. Yo no lo conozco tanto, ni lo traté más de cinco veces por breves minutos. Nunca escuché a nadie decir que Kinast fuese un ladrón (y por lo tanto no tengo ni la intención de afirmar eso). Si creo que su salud mental es poco estable (y él mismo lo reconoce) pero tampoco he citado este aspecto de su personalidad. A veces a uno le dicen, cariñosamente "qué hijo de puta que eres" y no monta el escándalo que ha pretendido montar Kinast con mi respuesta. Como esta es una cuestión que quienes viven en Chile no deben comprender, me preocupa que alguien haga afirmaciones gratuitas sobre mi labor como periodista (me da lo mismo que digan que soy gordo, bajito, pelado y que me huelen los pies) pero me pongo como un energúmeno cuando algún comedido pretende enlodar o sembrar con la duda mi trabajo. No pudo hacerlo Pinochet, que se quejaba a los dueños de La Tercera porque hasta un ministro, el de Justicia, le derroqué. De allí que Mónica Madariaga bromeara siempre diciendo que me debía el haberse convertido en ministra (esto lo cuento en una nota que publica Cambio 21 a raíz su muerte). Y nunca pudieron desmentirme ni La cárcel por dentro, ni la historia del mendigo al que sacaron a patadas del Haití (era yo caracterizado) ni la mafia de taxistas y policías que se había adueñado de la parada enfrente de la Estación Central (fui taxista por un día, por si no se acuerdan). Tengo, pues, un curriculum muy respetable, del que me siento orgulloso y no estoy dispuesto a permitir que nadie lo mancille, porque me temo que es todo el capital que podré dejar a mis hijos, cuando muera. Tal como cuenta Kinast las cosas que se han vivido en Barcelona, parece que hubiésemos sido amigos toda la vida. Nunca me he tomado ni un café cortado con él. No recuerdo haberle contado a él -particularmente a él- mi actuación en radio Magallanes el 11 de septiembre de 1973. Sí, he dado entrevistas a diarios de toda España y Alemania, he ofrecido conferencias en las que he hecho referencia a las cintas con los últimos discursos de Salvador Allende (nunca fueron el tema principal de mi charla, hasta que apareció alguien adjudicándose un mérito que no tiene) y en una de las más importantes publicaciones de Cataluña: El Periódico de Catalunya, he escrito tanto del tema, de la represión de la dictadura de Pinochet y de los atropellos a los derechos humanos, que hasta hubo protestas de algunos de mis jefes. Me acusaron de monotemático. Pero es verdad: soy de los que cree que ni el olvido ni el perdón permitirán construir el Chile que soñaba Salvador Allende. No sé cómo leyó Kinast mi nota de respuesta, pero no he tenido ninguna intención -ni creo que se desprenda de mi escrito- de ofender a la figura de Alejandro Erazo. Y pongo por testigo al propio director de esta publicación, Luigi Salerno, a quien el día antes de aparecer la carta de Kinast, le estaba hablando de Erazo y anunciando que le haría una entrevista para The Paskin. Alejandro es un hombre con el cual se puede discrepar, pero que se ha dejado la salud y la piel trabajando para una organización que pretendía representar a toda la izquierda chilena en el exilio. ¡Imagínense! No lo consiguió la Concertación en Chile. Aquí cada uno va por su lado y Alejandro, haciendo caso omiso de esta realidad ha trabajado, tal como cuenta Kinast, de noche o madrugada y de sol a sol, para movilizarnos. Pero en una ocasión pretendió ingresar a la Catedral de Barcelona, en el momento en que había una misa, para llevar nuestra protesta por algo que tenía relación con la detención de Pinochet en Londres. Yo le dije que provocar a los católicos, durante su rito sagrado de los domingos, no nos iba a atraer muchas simpatías. Al final todo se redujo a una recolección de firmas, pero yo ya me alejé de la Asociación de Soporte a las Organizaciones Populares Chilenas (en catalán Chile se escribe Xile), ASOPXI, y me dediqué a escribir, casi todos los días, sobre el curso de la extradición de Pinochet a España. (revisen la nota de Kinast donde dice que no escribí nada de nada). Es evidente que ni todos los e-mail de Kinast ni todas las marchas populares, manifestaciones, recogidas de firma, consiguieron cambiar el curso de la historia y el viejo dictador, al que liberaron por demente y no por inocente, llegó a Chile a enarbolar la V de su victoria. Parecer ser que si yo hubiese firmado la carta de Kinast (firmé muchas en Barcelona, Madrid y Londres), Pinochet sí hubiese acabado con sus huesos en una cárcel española. Lo siento Máximo, no sabía que mi firma era tan importante para ti. Duerme tranquilo y no te metas donde no te llaman.
(rubenadrianvalenzuela@yahoo.es) 

Tags: Polémica y respuestas

Publicado por Desconocido @ 1:15
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