martes, 26 de mayo de 2009
Por Rubén Adrián Valenzuela.-  No veo en muchos de ellos la vocación que adornaba e impulsaba a nuestros viejos maestros y creo que lo único que les mueve es poder asegurarse un puesto de trabajo, bien o regularmente remunerado, estable y duradero. Y con frecuencia se les escucha hablando de jubilaciones anticipadas o de cambiar hacia empleos mejor pagados y con menos carga laboral.


Los profesores de escuelas e institutos, en España, se quejan de la creciente inseguridad en la que tienen que desarrollar sus actividades. Hablan de insultos y amenazas ya no sólo de sus alumnos, sino también de las familias de los mismos y quisieran volver a los tiempos en que estaba permitido pegar a los niños o someterlos a castigos humillantes. Castigos las más de las veces injustificados, que solían dejar profunda huella en los chicos, hasta décadas después de haber abandonado las aulas.
No me gustan los profesores actuales. No veo en muchos de ellos la vocación que adornaba e impulsaba a nuestros viejos maestros y creo que lo único que les mueve es poder asegurarse un puesto de trabajo, bien o regularmente remunerado, estable y duradero. Y con frecuencia se les escucha hablando de jubilaciones anticipadas o de cambiar hacia empleos mejor pagados y con menos carga laboral.
Esto, que en ninguna actividad humana puede ser reprochable -todos queremos mejorar y disfrutar del mayor tiempo libre posible-, en la docencia suele ser catatrófico. Así se explica que los niños se desarrollen cultural y humanísticamente con deficiencias que se reflejarán en sus conductas sociales del futuro: Resentidos, amargados, inseguros, fatasiosos, opinantes sin criterio, megalómanos y hasta racistas.
Un chico con el que hablé de su profesora de idiomas, hace un tiempo, me decía que no encontraba la forma de llamar la atención de su maestra, hasta que descubrió que si molestaba a sus compañeros y éstos se quejaban y le acusaban, por ejemplo, ella se interesaba y venía hasta su pupitre para castigarlo.
He buscado en la bibliografía pertienete, para ver cómo enfocaba este problema en mis escritos y me he encontrado con ejemplos de conducta pedagógica que ya querría ver yo, repetidos, en la comunidad escolar en la que se está educando mi hijo. Así, por ejemplo, veo que Frank McCourt, que enseñó en un colegio con chicos confictivos, se hizo con su clase el día que, al entrar en el aula, alguien le arrojó un bocadillo a la cara. McCourt, autor de la célebre "Las cenizas de Ángela", cogió el sandwish y se lo comió, dejando a todos con la boca abierta y encantados con el profesor "tan enrollado".
Conozco a un maestro de primaria que habría castigado a todo el curso hasta que alguien se hubiese "chivado". Pero al no obtener una delación o un traidor, obligó a todo el mundo a escribir cien veces, en sus cuadernos, una frase acerca de lo que no se debe arrojar a la cara de un profesor. No contento con esto, estableció que sólo se irían a casa los que hubiesen completado las cien frases de la condena. Prefirió, contra toda lógica, castigar a 30 inocentes antes que perdonar a un culpable.
En otro libro, éste de Dan Brown (autor del Código Da Vinci), se cuenta el caso de una alumna conflictiva que, un día de berrinche, se tendió en el patio del colegio, sin permitir que nadie se le acercara. "Estoy mirando a las estrellas", decía a todo el que le preguntaba por su actitud. Hasta que vino un viejo pprofesor, muy comedido, que se tendió a su lado, en el suelo, para ver, él también, las estrellas. Acabó con el berrinche de su alumna y con el conflicto en el colegio. Sin castigos ni reproches. (rubenadrianvalenzuela@yahoo.es)

Tags: No me gustan los actuales

Publicado por Desconocido @ 13:26
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