Por Rubén Adrián Valenzuela
Para mucha gente, comer es algo engorroso. Sufren si tienen que ir a la cocina y les da lo mismo carne que pescado, especialmente si se los dan servidos. Por eso tiran de restaurante barato o bocadillo a media tarde en un banco de plaza o parque y acaban el día literalmente “reventados”, con dolores de cabeza, náuseas, digestiones difíciles y diarreas galopantes. Para algunos, incluso, comer es una pérdida de tiempo y quisieran poder despachar el asunto con una pastilla o un tubo de gel, igual que los astronautas.
Pero comiendo -y nunca mejor dicho-, se nos va la vida. Sin saberlo, metemos toxinas en nuestro cuerpo y cometemos verdaderas barbaridades con nuestra maquinaria interior, al extremo de mezclar comida y medicinas, con estimulantes que nos ponen a cien, mientras pedimos en el bar una “infusión tranquilizante” ( a ser posible sin azúcar o con edulcorante artificial), para relajarnos.
Hace siglos que sabemos que el comer influye en nuestra salud de modo positivo o negativo. Pero nos hemos convencido de que éste, el de nuestra alimentación, es un asunto que se puede postergar y que “el día menos pensado”, con una dieta depurativa lo vamos a poner todo en orden, sin darnos cuenta de que, en materia de salud, llegar tarde a veces es peor que no llegar.
Hipócrates lo dejó enunciado ya hace muchos siglos: “Que tu alimento sea tu único medicamento”, pero pocos le hemos hecho caso y para muchos ha sido tarde y mal. Por eso es que he convertido en mi libro de cabecera el libro del doctor Jean Seignalet: “La alimentación. La 3ª Medicina” (RBA. Integral, edición de 2004), en el que propone sustituir nuestra clásica idea de una dieta basada en el número de calorías y el equilibrio entre glúcidos, lípidos y prótidos por una alimentación de calidad, que preste atención a la estructura de las moléculas, eliminando aquellas que el organismo no puede metabolizar ni almacenar.
Suena difícil, pero se puede hacer fácil, barato y con una dosis de emoción rayana en la excitación, porque saber que mientras comemos le podemos cerrar el paso a problemas de salud tan variados como la poliartritis reumatoide, la diabetes, el cáncer de mama o el asma y hasta el estrés, resulta estimulante.
La película de Doris Dörrie: “Cómo cocinar tu vida”( How to Cook your life) ES EN BUENAS CUENTAS un documental, bellamente realizado, en el que el maestro zen Edward Brown nos introduce en sus clases de cocina con una convicción y una sinceridad tan bien retratadas que uno se emociona con él cuando llora y goza y disfruta de los platos que va preparando como en un ritual previo a la entrada en el reino de los cielos.
Doris Dörrie, directora alemana a quien debemos algunas joyas cinematográficas, como “En el vientre de la ballena” o “Lo mío y yo” (la mayor parte de su extensa producción no ha llegado nunca a las salas españolas) dice que conoció al maestro zen mientras éste daba clases de cocina en Tassajara, un famoso centro de enseñanzas filosóficas en los EE.UU. y que pensó que hacer una película con él podía ser útil para todos “ya que a través de la cocina establecía una conexión con nuestro propio cuerpo”.
Ed Brown se maneja tan bien en sus clases (muchas de las cuales transcurren entre cacharros y fogones) que parece que la cámara no estuviera presente y sólo existieran sus platos y recetas. Se emociona hasta el llanto con sus recuerdos de la comida en la infancia y cuando nos enseña a hacer pan, dando la sensación de que estuviera llegando a una alegría próxima a lo erótico con las masas. Pero, y aunque esto sea más retórico que culinario, donde logra las cotas más altas de inspiración poética es cuando nos muestra su colección de viejas teteras de aluminio, a las que compara con el rostro humano y sus abolladuras.
Lamentablemente “Cómo cocinar tu vida” no hará carrera en las pantallas y habrá que esperar a que salga, si sale, el DVD con la película. Pero, como no vale lamentarse de los guisos que no hemos comido, conviene que recordemos a Hipócrates y que corramos a esa farmacia más cercana, donde todavía es posible que nos aguarde la salvación: La Cocina Familiar. (rubenadrianvalenzuela@yahoo.es)
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