viernes, 22 de mayo de 2009

 

                Por Rubén Adrián Valenzuela.- “El niño con el pijama de rayas”, película basada en la novela del irlandés John Boyle, plantea la cuestión de qué es y no es un cuento infantil





Aunque les digan que es un cuento para niños y en el 80 por ciento o más la acción se centre en dos críos de no más de 9 años, no les crean. No lleven a sus hijos al cine ni les den a leer “El niño con el pijama de rayas”. No, al menos, si luego no quieren liarse con unas explicaciones imposibles sobre por qué los nazis hicieron lo que hicieron en Alemania durante la Segunda Guerra Mundial, y a los judíos se les odiaba tanto y eran tan malos que hasta a los niños había que raparlos y enviarlos a campos de concentración como el de Auschwitz.

John Boyne, un joven escritor irlandés de 37 años, dice que escribió este libro –del cual ya se han vendido más de tres millones de ejemplares-, en sólo dos días con sus noches. Añade que ni comió ni durmió mientras estuvo escribiendo y que nunca pensó “escribir un libro sobre el Holocausto ni sobre un niño”.

¡Caray! Roma no se construyó en dos días y Barcelona aun está en obras… Y ambas son dos joyas verdaderas pero, ¿Una obra literaria con pretensiones se puede escribir en dos días?

Si Boyle no quería escribir una novela sobre niños, no debió escribirla. O haberle dedicado más tiempo, porque amén de jugar con todos los tópicos del género, hizo una novela a la que le sobra de todo y por todas partes. Ningún niño de ocho años es tan ingenuo como Bruno, al grado de confundir un campo de prisioneros con una granja, ni los alemanes eran tan tontos y pasotas ( cosa en la que el cine americano especialmente, ha insistido una y otra vez), como para permitir que dos niños burlaran todo su aparato de seguridad: alambradas eléctricas, nidos de ametralladora, perros guardianes y vigilantes haciendo la ronda durante las 24 horas al día.

Hace ya mucho tiempo desde que leí el libro. Yno lo dejé porque mi disciplina me impide –me lo ha impedido siempre- dejar libros a medias, películas inconclusas o conciertos a poco de empezar. Hice bien en no abandonar le lectura de “El niño con el pijama…”, porque el final es de aupa. Sorprendente. Inesperado. Catártico.

Y lo mismo les pasó a mis colegas de la Prensa en un pase privado de la pelíícula ( a los que con frecuencia no asiste más de una docena de críticos) al que asistimos más de 60. Quienes habíamos leído la obra de Boyle, aguantamos con estoicismo la hora y media larga de un cine plúmbeo y lineal, sin sorpresas ni novedades. Los demás, aquellos que no sabían de qué iba la cosa, se removían incómodos en sus asientos y no faltó el que se cambió de sitio, buscando estirar las piernas. Hasta los ocho o diez minutos finales, en que todo ocurre como en las grandes tragedias: de modo imprevisto e inexorable. Entonces se produce la explosión de emociones trabajadas. Hay sollozos incontenibles, lágrimas disimuladas y uno que otro atisbo de aplauso cuando la palabra fin se dibuja en la pantalla

Los niños actores están impecables. Los “militares” en su rol y, si acaso (un tema que convendría explorar ahora que en España el juez Garzón ha decidido buscar a los muertos y desaparecido de la guerra civil), nos podemos asomar al interior de las familias de los nazis, donde sí parece que hubo disidentes que no aprobaban la llamada “solución final” con los judíos. Algunos, después de la película pensarán que existe la Justicia Divina , pero creánme: es sólo ficción. Y, sobre todo, no lleven a sus niños. (rubenadrianvalenzuela@yahoo.es)

 





Tags: Qué es un cuento infantil

Publicado por Desconocido @ 20:31
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