Habla el Abad del Monasterio Budista de El Garraf, Venerable Lama Jamyan Tashi Dorje Rinpoché:
“Jamás le he dicho a
nadie que se haga budista”
Por Rubén Adrián Valenzuela
“Si una persona te viene a ver “Un Lama en la India me
en silla de ruedas y cuando se dijo que debía crear un
va ha dejado la silla y se va monasterio budista en un
caminando, puede ser un milagro” lugar al sur de Barcelona”
La idea de esta entrevista surgió de modo inesperado y comenzó con tres accidentes. Fue en el despacho del Lama catalán Jamjan Tashi Dorje Rinpoché donde comenzó a tomar forma, justo cuando yo le explicaba, con los ojos llorosos y el cuerpo lleno de magulladuras cómo, en menos de seis horas, me había caído a la entrada del Monasterio que dirige en el Parque Natural de El garraf, provocándome un esguince, primero; en unas escaleras de la residencia, más tarde, magullándome una costilla, el brazo y el hombro izquierdos y, en la explanada a la salida del comedor, donde finalmente me sangraron las rodillas, las palmas de ambas manos y el mentón.
Le conté la secuencia de accidentes mientras él me miraba risueño, en silencio, con los ojos llenos de bondad. Y hablamos durante varias horas, al cabo de las cuales, cuando me despidió, yo no sabía por qué mi llegada al monasterio había sido tan dolorosa pero, sí, que haríamos esta entrevista.
Rimpoché no intentó explicar la razón de mis accidentes en su casa, pero me hizo comprender el porqué del sufrimiento, la inutilidad de los apegos y la definición de la felicidad personal. Y, mientras me contaba historias de su vida y la peripecia, casi inaudita, de crear un Monasterio Budista en Catalunya –“al sur de Barcelona”, le había dicho un Lama en la India -, salió el tema de mis accidentes y de otros, mortales en algún caso, que ha habido en ese lugar.
¡Mortales! O sea que se han muerto por haberse caído aquí?
“Sí, pero todavía no era monasterio. Fue una de las últimas dueñas, que se rompió una pierna tras una caída y la cosa se complicó… Las energías negativas que encontramos aquí cuando nos hicimos cargo del Palau Novella, son de aupa”.
Parece que la desolación y la angustia han sido cosa común desde hace mucho en este palacio
“Descubrir la insatisfacción” –me dijo-, “es como descubrir a tu enemigo”.
Al enemigo se le combate declarándole la guerra…
“O no. Si descubres sus tácticas, ya puedes neutralizarlo, usando sus mismas armas. Entonces deja de interesarte, porque ya sabes que no conduce a la felicidad”.
Rinpoché dice que su misión, aquí y ahora, es crecer. Y sabe que la vida mundana, el éxito, el dinero y la notoriedad social (todas cosas que él ha conocido) no dan la felicidad.
“Cuando las cosas comienzan a ir mal en tu vida social y laboral, empiezan las enfermedades; y sé muy bien de qué hablo”.
Nacido en 1951, en Barcelona; hijo de empresarios acaudalados y emprendedores; socialmente exitoso y con un porvenir lleno de promesas y tentaciones, dejó la carrera de medicina y el mundo de los negocios y se vio, de pronto, en la miseria. Viviendo con su madre en una habitación que le dejaban unos tíos, conoció el hambre y el frío; supo del desprecio de los que antes le llamaban amigo y se enfermó.
Debe usted haber incubado mucho rencor
“No, ni rencor ni amargura, sino una conclusión: Esa vida no la quiero. No da la felicidad ni la paz interior.”
Cuenta que comenzó a sufrir dolores de cabeza, que se agudizaron tras un viaje suyo a la India. Eran verdaderas migrañas que convertían su vida en un suplicio y lo hacían recurrir a toda clase de medicinas y terapias.
Un día, en el autobús, un argentino algo mayor se dio cuenta de que estaba mal, padeciendo una jaqueca criminal. Y, pese a que no se conocían de nada, el hombre lo invitó a su casa para que le viera su esposa. Él preguntó si la mujer era médica pero no, resultó que era medium. Imponía las manos y curaba a las personas de dolencias a las que la medicina tradicional no les hallaba respuesta.
“Cuando salí de la casa de ese matrimonio” –cuenta hoy el Lama-, “yo era otra persona. La mujer me dijo que mis dolores eran consecuencia de unas energías que había en mí, que me permitirían ayudar a otras personas. O sea, que yo tenía dotes de sanador”.
A las puertas del modesto apartamento de la vidente y su marido argentino, el Lama cuenta que lanzó una exclamación que hasta el día de hoy recuerda: “Esto es mejor que haber ganado veinte millones en la Lotería”.
¿Comenzó entonces su carrera como sanador?
“En buena medida sí… Comencé a experimentar con algunos conocidos, imponiéndoles las manos. En algunos casos obtuve unos resultados espectaculares”.
¿Ha obrado algún milagro?
“Primero habría que definir qué es milagro. Si el hecho de que alguien que te viene a ver en silla de ruedas, cuando se va deja la silla y sale caminando, puede considerarse milagroso, he hecho milagros. Si alguien viene con un tumor que le está matando y le quitas el tumor, hablamos de un milagro”.
Pero está certificado eso? ¿Hay algún registro, una prueba médica de que ocurrió así?
“No hace falta certificar nada, porque es algo que sólo interesa a la persona afectada y a mí. Si yo veo que alguien tiene una piedra que le está matando y ese alguien no ve la piedra, yo se la quito porque la veo y ya está. Es una posesión, es algo que está dañando a ese alguien y si yo le ayudo, a quien le sirve es a esa persona, a nadie más y no hace falta registrarlo”.
Las instituciones oficiales podrían querer decir algo…
“Que digan lo que quieran, yo no hago mal a nadie”.
A otros los han quemado en la hoguera por haber hecho lo que usted hace.
“Sí, y santa Teresa se les escapó por lo pelos, pero los tiempos han cambiado”.
¿Ha tenido problemas con las instituciones?
“No, he sido muy modosito. De hecho, no me enfrento con nadie y convivo con la ciencia. Yo intervengo en aquellos campos en los que la ciencia no ha encontrado respuestas”.
Al respecto conviene citar aquí una experiencia conjunta que están impulsando el Lama del Garraf y el investigador japonés Masaru Emoto, quien se ha hecho famoso por sus trabajos con el Analizador de Resonancia Magnética (MRA en sus siglas en inglés), sobre los efectos curativos del agua. Como se sabe, de estos trabajos surgió la constatación de que el agua micro-particulada tiene la capacidad de mejorar la condición física de la gente, cosa que ha interesado a Rinpoché para sus propias indagaciones.
En el Monasterio del Garraf, tanto el Lama Jamjan Tashi Dorje, como el investigador japonés, se reunieron para buscar un método de trabajo conjunto que permita analizar las aguas, tratadas y bendecidas con mantras budistas. Aún cuando es muy pronto para conocer algún resultado, los monjes están expectantes y se han puesto manos a la obra con mucho entusiasmo.
"Si el ser humano comienza a formarse en un medio (el vientre de la madre) que es casi el 95% agua y, cuando madura lleva en su cuerpo un 70% de ese elemento, es indiscutible que el agua no sólo forma parte de nuestra vida, sino que influye en ella de manera significativa".
Rinpoché, que sana a sus pacientes mediante la imposición de sus manos y el recitado de oraciones tibetanas, se lamenta de que sus capacidades se vayan a ir con él cuando muera. Como se trata de un don para el cual no hay fórmulas ni técnicas conocidas, no podrá transmitirlas a sus discípulos ni dejar tratados escritos para que otro asuma su papel, pero ni siquiera él sabe como explicarlo.
¿Cuál es el secreto?
“No hay secreto. Yo me pongo en oración y suceden cosas. A veces, cuando estoy frente a una persona muy necesitada de ayuda, veo venir unos puntos de luz, brillantes, que bajan hacía mí y cuando salen, son negros y la persona está aliviada”.
¿Le afectan las historias que le cuentan, los casos que conoce?
“Cuando viene una madre que ha perdido a su hijo, siento que se establece una relación de ternura que me conmueve. Creo que la muerte de un hijo es un dolor que te hace crecer, pero para muchos es incomprensible. Todo lo demás se puede superar con el desapego, pero la pérdida de un hijo es algo terrible. Hace poco vino a verme una señora inglesa que acababa de perder a un hijo de 17 años que padecía síndrome de down. Como sabes, en esos casos hay una relación muy intensa madre-hijo, viven muy pendientes de sus necesidades y su evolución. Y si de pronto lo pierden, el dolor es tremendo.
¿Y usted qué hizo para consolarla?
“Nada, te sientes impotente, incluso para entrar en oración. Hubiera hecho cualquier cosa para ayudarla, pero el dolor de una madre o de un padre que ha perdido a su hijo sólo lo puede comprender alguien en la misma situación. Y si no, no puedes ofrecer consuelo que valga”.
“Con la vida no se puede jugar. Y si nos ponemos filosóficos tienes que pensar que por karma eso te ha sucedido por algo que has hecho en el pasado, con toda probabilidad, en otra vida”.
O sea que es cuestión de ponerse en oración…
“No siempre. No es una cosa que yo domine y que pase cada vez que yo quiera. Tengo que estar dispuesto, limpio de alma y orar con toda mi intención. Entonces ocurre, lo veo claramente y sé que todo va a ir bien”.
El Lama, a quien su madre quería ver convertido en ginecólogo, se siente muy a gusto (“orgulloso” es la expresión que usa) de su relación con el mundo espiritual. Cada mañana, al levantarse para comenzar sus oraciones y meditar, consulta el mo-ho y, atendiendo a lo que allí ve, toma sus decisiones.
El mo-ho es una especie de oráculo, cuyo uso sólo está permitido a los lamas previo consentimiento del Dalai Lama, quien recomienda un retiro espiritual que dura varios meses antes de dar su aprobación Unas veces se usa un juego de tres dados, otras un hueso tallado y en ocasiones, las cuentas del Mala o rosario tibetano. En este caso, sin embargo, se trata de una baraja de 32 cartas, adaptación simplificada del original que Rinpoché consulta todos los días. “Me asombra” –dice-, “cómo la gente puede tomar decisiones a ciegas, sin tener a nadie que le guíe. Y entonces me digo que soy un ser afortunado por tener esta relación con el mundo espiritual”.
Usted habla de relación con los seres espirituales como si fuera lo más natural del mundo, como si cualquiera de nosotros pudiera establecer esta relación y conectarse al mundo espiritual.
“Es que se puede. Mediante la meditación y la oración se puede lograr un nivel de conciencia
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