Por Rubén Adrián Valenzuela
¿Qué es un alcalde y para qué sirve?"
El alcalde de Sitges, en la provincia barcelonesa de El Garraf, Jordi Baijet, suele reunirse en el salón de plenos del Consistorio con alumnos de los distintos colegios de la localidad y es una verdadera lástima que estos encuentros no queden reflejados en videos o reportajes que podrían servir, en un futuro no lejano, `para recordar a los nuevos jefes comunales cómo eran cuando todavía no sabían qué es y para que sirve un alcalde. Esta pregunta, que yo no me habría atrevido a formular en una entrevista con el jefe comunal, la hizo un chico de ocho años y logró hacer titubear a su interlocutor.
Viéndoles y escuchándoles (eran unos 50 chicos del tercero de Primaria del Colegio Esteve Barrachina que, acompañados por las tutoras Clara Nogués y Montse Castellanos, además de la profesora Noemí Palacios llegaron para un encuentro en el salón de plenos del Consistorio), yo pensaba en sus padres. En lo que habrían disfrutado viendo cómo sus retoños se encaraban, de tú a tú, con la máxima autoridad comunal y hasta le increpaban con suspicacia: "En las elecciones donde saliste elegido...¿votaste por ti mismo?
El Alcalde Baijet, que antes que cocinero fue frayle, es decir, profesor antes que político, se metió a los chicos al bolsillo. Les hizo hablar sin pudores y les preguntó cuestiones tan de actualidad como si es bueno que los coches dejen de entrar al centro de la Villa o si les gustan las pintadas de los grafiteros.
Los niños querían saber si el alcalde puede hacer todo lo que se le ocurra y si tiene poder para decidir que haya más excursiones y menos clases, o si estaría dispuesto a conseguir que el cesped del campo de futbol de la localidad "sea de verdad y no artificial".
¿Cuántos de estos chicos, cuando están en sus casas, con sus padres, apenas levantan la voz frente a un desconocido? Esta vez es seguro que sus familiares no les habrían reconocido.
"¿Y qué es un alcalde?"
La palabra "alcalde", que viene del árabe "juez", se utiliza en todo el mundo (salvo en los países en donde no existe el ayuntamiento) para definir la primera y probablemente la más determinante demostración de poder de la administración local básica. Puede que hoy no signifique lo mismo que en el pasado ni tenga la carga de misticismo y autoridad que le atribuían los lugareños, pero sigue estando envuelta en un halo misterio, maledicencia y poder. En la España Medieval y hasta su derogación por las Cortes de Cádiz de 1812, los alcaldes podían dictar justicia y decretar la vida o la muerte de los ciudadanos. Su poder se manifestaba en los "rollos" o "picas" que había en las plazas principales, para ejecutar a los condenandos y clavar allí sus cabezas cortadas, para escarnio de "maleantes y perversos". De hecho aún hoy, en la localidad de Presencio, cerca de Lerma en la provincia de Burgos, se conserva en la plaza el "rollo" o "pica" en el que los alcaldes evidenciaban su poder. También hay una pica en la plaza mayor de Toreno, en el Bierzo, provincia de León.
¿Habrían estado tan sueltos de cuerpo estos chavales si hubiesen sabido que el alcalde que tenían enfrente podía decidir sobre la vida y la muerte?
"Hoy los alcaldes son elegidos democráticamente, mediante el voto popular, y no pueden hacer nada sin consultar al pleno del Ayuntamiento", les dice Baijet a sus ex alumnos, a los que pregunta a continuación: "¿Quien de vosotros quiere ser alcalde?"
Todos, menos cuatro, levantaron la mano, sin permiso de papá. Seguro que estos (los que no levantaron la mano, digo) van para ministro o Fiscal General. (
rubénadriánvalenzuela@yahoo.es)
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