jueves, 16 de abril de 2009
 
Por Rubén Adrián Valenzuela  
 
El egoismo es una cuestión genética que nada tiene que ver con la voluntad. Investigaciones científicas recientes, de las que daba cuenta Nicholas Wade en un extenso artículo en The New York Times, indican que venimos al mundo con una enorme carga egocéntrica (quererlo todo para nosotros) y egótica (querer hablar y que se hable siempre de nosotros), de la que sólo se sale mediante la educación. Es evidente, pues, que una mala educación o una educación incompleta nos dejará a medio camino de todo y que, así equipados, tendremos que ir por la vida siendo insolidarios (la solidaridad se aprende desde muy temprana edad), indiferentes (la participación en asuntos de interés colectivo nos dejará fríos) y autorreferentes, convencidos de que todo gira en torno nuestro y que nuestro ombligo es el más interesante y hermoso de todos cuantos se conozcan.
Desde esta perspectiva uno puede entender que en nuestros países se vote cada vez menos y se critique cada vez más a los políticos, en el mismo instante en que la humanidad entera se debate entre el pasotismo y el apocalipsis. Está claro que para poder seguir habitando este planeta y dejar una herencia digna de ser vivida a nuestros hijos y a los hijos de nuestros hijos, hemos de participar de las grandes decisiones, olvidándonos ya de fronteras, razas, credos y posición social. Francia y su última elección presidencial nos ha dado una gran lección y se ha levantado de nuevo como ese faro de luz de la civilidad que siempre ha sido.
Los catalanes en su conjunto (siempre habrá vibrantes excepciones), se me antojan genéticamente anclados en un desarrollo cultural insuficiente, propensos al egoismo, la indiferencia y el egotismo. ¿Cómo si no se puede explicar esta falta de movilización social ante hechos tan trascendentes como unas elecciones generales, el Estatuto de Catalunya o la Constitución de la Unión Europea? ¿De dónde les viene a los habitantes de esta región la idea de que todo el mundo habla mal de ellos, que no se les quiere, no se les respeta y lo que necesitan han de obtenerlo a pulso o no lo tendrán? ¿En que parte del mundo, llámese España, Europa. Occidente o las Antípodas a alguien le dan lo que le hace falta sin que previamente trabaje y luche por ello? Votaré por aquel que me convoque a trabajar, a aportar con esfuerzo, mi experiencia y vocación de un mundo mejor. Mandaré a hacer gárgaras al que me diga que bajo su gobierno todo será más fácil, más abundante y barato.

Tags: Educar es la solución

Publicado por Desconocido @ 10:03
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