martes, 14 de abril de 2009
 
Por Rubén Adrián Valenzuela.-  Pombo llega feliz. El lugar se ha llenado de gentes guapas, variopintas y "variosexuales" y parece claramente que viene dispuesto a levantar un ligue allí mismo porque comienza diciendo que está solo, sin pareja y que se siente despistado al ver a tanta pareja unida. "Yo soy muy despistado" -dice- "y reconozco que ligar requiere dulzura y paciencia y yo, yo no tengo paciencia". Luego cuenta que su amigo, el poeta Luis Antonio de Villena, le ha dicho que además de paciencia "para ligar se necesita mucha barra de bar: "¿Cómo estás?"/ "Bien"/"¿"De dónde eres?"...              
 
 
La editorial Anagrama me invita a un coloquio en torno a la novela "Contra natura", uno de los últimos libros de Alvaro Pombo y yo, que me he leído casi todas las obras del santanderino (excepto uno o dos volúmenes de poesía que datan de 1977), me dejo caer encantado por la librería Antinous, allí en Ciutat Vella, muy cerca de la Rambla de Santa Mónica. Voy, como es preceptivo, con mi novia a quien, mientras nos desplazamos chino chano por la calle de Josep Anselm Clavé, le voy explicando que Pombo es dueño del sillón "jota minúscula" en la Real Academia Española de la Lengua y que como él es homosexual declarado, casi todos los personajes de sus novelas también lo son. No tanto como en los libros de Jaime Bayly ("Yo amo a mi mami") o de David Leavitt ("El lenguaje perdido de las grúas"), en las que hasta el gato de la casa resulta que quiere ser gata; pero sus homosexuales suelen ser austeros, castos, valientes y a veces hasta heróicos. Es como si el autor quisiera convencernos de que los gays son seres superiores, más fiables y dignos de ser atendidos y entendidos. 
Llegamos temprano a la librería y -craso error-, lo hacemos cogiditos de la mano. Somos como una mosca en un vaso de leche y para disimular nuestra heterosexualidad, cometo otro error monumental: nos dedicamos a visitar las mesas y las estanterías donde se exponen los libros que son la especialidad de la casa: chicos bellos y desnudos, con sus sexos duros y portentosos exhibidos en toda su majestuosidad...
¡Qué vergüenza, oyes! Siento que en mi entrepierna, bajo el pantalón, mis escasos centímetros de virilidad se encogen aún más, disminuídos, y se me ocurre que mi amada estará arrepintiéndose de haberse buscado un novio tan de andar por casa habiendo tanta maravilla por el mundo.
Pombo llega feliz. El lugar se ha llenado de gentes guapas, variopintas y "variosexuales" y parece claramente que viene dispuesto a levantar un ligue allí mismo porque comienza diciendo que está solo, sin pareja y que se siente despistado al ver a tanta pareja unida. "Yo soy muy despistado" -dice- "y reconozco que ligar requiere dulzura y paciencia y yo, yo no tengo paciencia". Luego cuenta que su amigo, el poeta Luis Antonio de Villena, le ha dicho que además de paciencia "para ligar se necesita mucha barra de bar: "¿Cómo estás?"/ "Bien"/"¿"De dónde eres?"... "¡No señor!" -exclama el autor de "Contra natura"-. "Yo veo a un chico que está bien y voy y le digo ¡Qué bueno estás, tío!, con lo cual lo único que consigo es asustarlo".
Pombo sigue lamentándose de su suerte para ligar y dice que no lo comprende:"Soy un buen partido, tengo mucha simpatía, soy culto, tengo una gran habilidad para cocinar y soy muy rico".
-¿Rico de dinero o de otra cosa?-, le pregunta alguien del público.
- Rico de dinero, aunque también de lo otro.
El público está encantado y aplaude y ríe, con lo que el escritor sigue. Dice de sí mismo que tiene "una gallardía judaica y un perfil sefardita" y casi no se habla de la novela "Contra natura". Parece que la descripción de las bondades amatorias de Pombo no vaya a acabar nunca. Habla de sus salsas. Dice que es un campeón haciendo salsas "compactas, con la propia riqueza de las salsas, no como las que hace Ferrán Adriá, que más que construir salsas, las deconstruye". Luego hace un repaso por las huestes del Barça, a cuyo entrenador, encuentra espléndido "porque sabe vestirse y sabe llevar un vestuario y aunque su plantel de jugadores son del paleolítico, él los entiende, porque no hay nada que entender". Se muestra más cauto, sin embargo, a la hora de hablar de cosas graves y dice que al escritor negacionista británico, David Irving, él no lo habría condenado por sus declaraciones contra el judaismo y a favor del nazismo, "porque es convertirlo en un mártir" (de la libertad de expresión). Pero añade: "Lo curioso es que lo condenaran los austríacos, que fueron más nazis que los propios alemanes". (rubenadrianvalenzuela@yahoo.es)



Tags: Buscando novio en un bar

Publicado por Desconocido @ 10:57
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