martes, 07 de abril de 2009
Por Rubén Adrián Valenzuela.-  ¿Se imaginan a un cristiano, cabreado con su obispo, pasandose a las filas de Lucifer? Por mucho que el Maligno ofrezca arreglar el caos en que nos ha metido el Estatuto del Libre Albedrío, un cristiano siempre será un hombre de fe, fiel a su fundador; lo mismo que un socialista debiera ser siempre solidario y generoso. Cualquier otra propuesta tendrá las características de un acomodo e irá siempre contra natura.




El socialismo es una buena idea. Lo malo que tiene es que para desarrollarla se necesitan socialistas y de esos, hay escasez por estos lados. Al menos en este país, donde la mayoría de los izquierdistas que valían la pena se tuvieron que ir al exilio durante 40 años.
Los socialistas al uso son como las boquillas de esos aparatos que emplea la policía de carreteras para medir el grado de alcohol en sangre de los conductores: sirven para una sola vez, pero mientras las estás soplando no sabes con qué sorpresa te vas a encontrar al final.
Socialistas, lo que se dice socialistas, en España hay muy pocos. No lo es ni lo fue Felipe González, a quien las masas parecen prodigarle una adoración cercana al paroxismo. ¿Se acuerdan de aquello de “La Otan, de entrada no”?
Tampoco son ni fueron socialistas Miguel Boyer, Luis Roldán, Rosa Díez (menuda trepa y ambiciosa es), José Bono, los dos concejales madrileños del PSOE, que vendieron su voto para que Esperanza Aguirre pudiera llegar a ser lo que es, ni los dos que en la reciente elección del presidente del Congreso de los Diputados, rompiendo la disciplina de partido, votaron en contra, amparándose en el anonimato del proceso.
No incluyo en esta lista -incompleta y caprichosa- a José Luís Rodríguez Zapatero, porque tiene de bueno y de ingenuo lo que le falta de socialista. Sus actos son más bien los de un socialista que no se decide a ejercer abiertamente como socialista y se rodea de lobos y coyotes en la convicción de que estos últimos, más carroñeros que auténticos cazadores, van a hacer desaparecer los restos que dejan tras de sí los lobos. Pero todos van a por él y cuando lo tengan a su merced, no le darán tregua
Salvador Allende, el asesinado presidente socialista de Chile, decía que es fácil ser socialista a los veinte años. “Lo que no es fácil” -añadía-, “es ser socialista veinte años”.
Es claro que entre la nueva generación de diputados y senadores no abundan los veinteañeros, pero tampoco hay una generosa provisión de cuarentones que se hayan mantenido veinte años militando en el socialismo. Sobran los oportunistas, los predadores y los fornicarios. (¿Por qué la prensa rosa, también llamada erróneamente “del corazón”, no se preocupa por averiguar dónde pasan sus noches nuestros políticos?).
Ahora que las elecciones generales son historia, se va sabiendo que muchos desencantados con el PSOE dieron su voto al candidato de la derecha. Eso no se puede llamar coherencia ni libertad de conciencia. Es puro berrinche, pataleta vengativa o acomodo oportunista. ¿Se imaginan a un cristiano, cabreado con su obispo, pasandose a las filas de Lucifer? Por mucho que el Maligno ofrezca arreglar el caos en que nos ha metido el Estatuto del Libre Albedrío, un cristiano siempre será un hombre de fe, fiel a su fundador; lo mismo que un socialista debiera ser siempre solidario y generoso. Cualquier otra propuesta tendrá las características de un acomodo e irá siempre contra natura. (rubenadrianvalenzuela@yahoo.es)

Tags: Cuidaos delos socialistas

Publicado por Desconocido @ 17:57
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