viernes, 03 de abril de 2009
Por Rubén Adrián Valenzuela.-  Vean ustedes: ahora mismo se acaba de saber, oficialmente, lo que ya todo el mundo sabía acerca de la intervención de los USA en la tragedia de Chile. Resulta que Nixon lo conocía todo, porque él había dado la orden a Henry Kissinger. Y lo que les dolía no era la muerte del Presidente Salvador Allende y miles y miles de sus seguidores, sino la indignación con que la prensa de todo el mundo estaba tratando el asunto. "Si lo hubiésemos hecho en tiempos de Ike" llega a decir el impresentable secretario de Estado, Kissinger, "nos estarían aclamando como a héroes".






Hacia finales de 1999 la Editorial Anagrama, de Barcelona, puso en circulación una de las últimas novelas del norteamericano Tim O'Brien: "En en lago de Los Bosques" que, salvo para algunos entusiasmados críticos en El País, La Vanguardia o El Mundo, pasó casi desapercibida para el gran público. Puede que el título, bastante anodino para las pautas literarias locales o la portada llena de reflejos dorados en un lago donde se sitúa la acción, hayan inducido a pensar en una novelita de corte romántico o recurrencias bucólicas.
Yo lo quiero recomendar hoy, aquí, si es que lo encuentran en librerías, como una verdadera joya: una carga de profundidad de esas que te estallan cuando menos lo esperas y en el lugar menos idóneo. Especialmente y ahora que están tan de moda esas guerras preventivas y esas misiones de paz que no son tal; cuando se supone que se combate a los terroristas o se bombardea a los países para salvar nuestro "estado del bienestar". Hay que regalar el libro a nuestros muchachos, a aquellos que van al frente convencidos de que "en la guerra todo vale" y lo que hicieres lejos de casa, "si no lo contares nunca se supiere".
Hoy más que nunca resultan fértiles y eficaces esas lecciones de la Historia, vieja fea y flaca que no cesa de meter sus narices donde más duele.
Vean ustedes: ahora mismo se acaba de saber, oficialmente, lo que ya todo el mundo sabía acerca de la intervención de los USA en la tragedia de Chile. Resulta que Nixon lo conocía todo, porque él había dado la orden a Henry Kissinger. Y lo que les dolía no era la muerte del Presidente Salvador Allende y miles y miles de sus seguidores, sino la indignación con que la prensa de todo el mundo estaba tratando el asunto. "Si lo hubiésemos hecho en tiempos de Ike" llega a decir el impresentable secretario de Estado, Kissinger, "nos estarían aclamando como a héroes".
Y probablemente allí radique la razón para tanto desatino: en tiempos de Nixon se pensaba, como ahora, que la humanidad no ha avanzado y que lo que ayer se aclamaba como un acto heroico, hoy no cae dentro del campo de los derechos humanos. Que si las cosas se lograban tapar un rato, para que no se enterase la prensa, todo estaba resuelto.
En la novela de Tim O'Brien un político embaucador e incendiario (¿les suena haber conocido a alguien así por estos lados?), que va como crédito de su partido y promete llegar a la Casa Blanca, pierde abrumadoramente una elección que ya daba por ganada, cuando se sabe que está vinculado a una matanza de niños, mujeres y ancianos de una remota aldea en Viet Nam.
El autor -y he aquí uno de los mayores valores del libro-, maneja las actas del juicio que en su día se siguió contra los responsables de la escabechina en My Lai. Porque la Historia lo registra todo, lo guarda todo y, en algún lugar y en el peor momento, lo suelta todo.
 ¿Se imaginan de lo que nos vamos a enterar cuando, con el tiempo, se desvelen las grabaciones de las conversaciones entre José Mª Aznar y "su amigo" (?) George W. Bush?
Volviendo al libro "En el lago de Los Bosques", digamos que la historia es la historia de una tragedia universal, a la par que la de un mentiroso que ve cómo su mundo se desmorona por unos hechos que, él pensaba, estaban en el olvido. No le sirvió de nada alegar que había actuado como lo hizo "siguiendo órdenes de su Gobierno", como no le sirvió, tampoco, frente a su esposa, jurar que había guardado silencio porque la amaba con todo el "corazón".
Pero la Historia, tozuda como ella sola, se encarga una y otra vez de recordarnos que las mayores tragedias del hombre moderno no son novela y que, tarde o temprano, "el que la hace la paga". Este mismo fin de semana, algunos diarios llevaban la noticia, breve, de la muerte "solitario y enfermo" de Samuel Koster, el general estadounidense al que se inculpó en su país por la muerte de más de 500 civiles en My Lai. Tan solo e ignorado estaba (repudiado tal vez por los que él creyó defender cuando fue a combatir a los vienamitas), que su muerte se descubrió casi un mes después, tras haber padecido una insuficiencia renal en su casa de Annapolis, Maryland.
Sin embargo, miren ustedes por dónde, la Historia se empecina en darnos lecciones duras, como mazazos. La revelación de la matanza de My Lai parecía que lo había resuelto todo y que todos los culpables estaban descubiertos y castigados. He aquí que los investigadores han descubierto otra masacre, en el mismo pueblo, en la misma guerra, con los mismos soldados pero con otros jefes. El texto, que hoy circula profusamente por internet (busquen My Lay), dice a la letra: "
Niños y mujeres hechos explotar intencionalmente mientras permanecían en escondites subterráneos. Soldados norteamericanos que arrancaron orejas y cuero cabelludo a civiles vietnamitas para llevárselos de souvenir o incluso para fabricar macabros trofeos de guerra que colgaban de sus cuellos. Un militar que extrajo a patadas los dientes de varios cadáveres para robarse sus tapaduras de oro. Estos hechos son apenas tres ejemplos de atrocidades cometidas en Vietnam durante siete meses por una unidad especial del Ejército de EE.UU. La “Tiger Force” asesinó y torturó a cientos de civiles en 1967, según denunció el periódico norteamericano The Blade, tras meses de investigación. En mayo de ese año, los 45 miembros de este grupo fueron enviados a una de las áreas más disputadas de Vietnam del Sur para capturar a miembros del Vietcong y convencer a los pobladores de que abandonaran sus cultivos que podían proporcionar alimentos a las fuerzas comunistas. No obstante, muchos de los soldados fueron más allá de esa misión y dieron muerte a cientos de vietnamitas desarmados, en una matanza que podría ser una de las más cruentas de esta guerra y que tuvo lugar un año antes de la conocida masacre de My Lai, donde 500 civiles fueron asesinados por fuerzas de EE.UU. De hecho, un médico citado por The Blade contabilizó 120 civiles muertos a manos de la “Tiger Force” en un mes. El diario, que habló con varios sobrevivientes y ex miembros de la unidad citó a uno de los soldados diciendo que había matado a tantos civiles que había “perdido la cuenta”. Dos soldados que intentaron parar las muertes fueron ignorados por sus superiores. El Ejército realizó una investigación en 1971 y casi cinco años después concluyó que 18 soldados cometieron crímenes de guerra. Sus resultados fueron enviados a la Casa Blanca, pero ninguno de ellos fue procesado. El Pentágono dijo el lunes que no tenía planes de reabrir la investigación".
(rubenadrianvalenzuela@yahoo.es)

Tags: No todo vale en la guerra

Publicado por Desconocido @ 8:49
Comentarios (0)  | Enviar
Comentarios