Por Rubén Adrián Valenzuela.- Estos versos del poeta alemám Martín Niemöller, que durante mucho tiempo estuvieron atribuidos erroneamente a Bertolt Brecht, se me vienen a la cabeza una y otra vez mientras veo la fotografía con la escultura de Luisa Granero semihundida entre las rocas y el agua en el mar, frente a Sitges:
Primero vinieron por los comunistas,
y yo no dije nada por que yo no era un comunista.
Luego vinieron por los socialistas y los sindicalistas,
y no dije nada porque no era ni uno ni otro.
Luego se llevaron a los judíos,
y no dije nada porque yo no era un judío.
Y cuando finalmente vinieron por mí,
no quedaba nadie que dijera nada.
El documento gráfico obtenido por nuestro compañero Albert Roca y destacado en la portada de L'Eco de Sitges de la semana pasada debería quedar para la historia como uno de esos claros ejemplos de lo que le puede ocurrir a una sociedad cuando cae en la indiferencia y se permite a los bárbaros que se apoderen de aquello que nos pertenece.
Hoy le tocó a una obra escultórica. Mañana le puede tocar a nuestra casa, nuestros negocio o nuestro coche y así, hasta llegar a nuestras vidas, nuestros seres queridos.
Si hoy no somos capaces de levantar nuestra voz para expresar nuestra repulsa, no nos estará permitido quejarnos cuando mañana pidamos que se alcen otras voces en solidaridad con nuestro dolor, porque el salvaje, el miserable y anónimo gamberro que se oculta tras estos atentados, es un depredador que ve que tiene el campo libre y vuelve una y otra vez sobre la victima, ya indefensa. Porque no tiene quien le pare los pies.
Sitges es hoy una ciudad bajo sospecha. Mientras no se escuchen voces condenando estos hechos, mientras haya vándalos que pueden ir libremente por nuestras calles, dando rienda suelta a sus impulsos, nadie está seguro, pero tampoco está libre de culpa.
Porque ya me dirán ustedes cómo es posible que tres esculturas de envergadura importante y gran peso, pueden ser demolidas y arrastradas hasta el mar sin que nadie haya visto ni oido nada.
¿Como es posible que montemos una gran trifulca cuando la obra de un artista como Gaudí es atacada por un demente en Barcelona (en el Parq Güell uno de los dragones del genial arquitecto fue fracturado con una barra de hierro y su autor identifcado y detenido antes de cuatro días), y no seamos capaces de ir en procesión a pedir la detención de los gamberros sitgetanos y después a organizar un acto de desagravio a la escultora Luisa Granero?
Debo preguntarme, sin ánimo de ofender, si no será precisamente por eso, porque se trata de gamberros locales que no hemos tenido ninguna noticia de ellos. Una comunidad que es capaz de albergar en su seno a seres tan despreciables no se merece que la naturaleza le premie con tantos bienes, ni que los artistas aquí afincados le dediquen sus mejores obras.
¿Qué habría pasado si las obras ofendidas fuesen, por poner un nombre, de Rusiñol?
Hay muchas preguntas no formuladas en todo este asunto. Y muchas respuestas que los ciudadanos de bien aguardamos de parte de las autoridades. La campaña electoral en la que nuestros politicos están inmersos no debe ser un pretexto para el silencio, comenzando por nuestro alcalde, Jordi Baijet, a quien sabemos un hombre sensible y respetuoso con los valores culturales de la comunidad.
Lo que ha sucedido con las tres obras de Luisa Granero es tremendo y sólo se me ocurren ejemplos muy feos, de casos similares, para traerlos a la la memoria. Sólo es de esperar que nunca más, si no es mucho pedir, las hordas vandálicas de estos impotentes sexuales que desahogan sus instintos en los bienes culturales que no les pertenecen, vuelvan a tener la oportunidad de expresarse.
Y si me permiten una sugerencia, para escarnio de todo un pueblo que hoy está bajo sospecha, yo dejaría la escultural mujer trabajada por Luisa Granero allí, donde la arrojaron los gamberros, lamida por el mar y besada por el viento, para que la arena y las rocas nos recuerden siempre que los gamberros "tienen la fuerza y podrán avasallarnos" (Salvador Allende dixit), pero no se detienen ni los procesos sociales ni el sentimiento creador de una artista como la, ahora, ofendida Luisa Granero. (
ribenadrianvalenzuela@yahooo.es)
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