jueves, 26 de marzo de 2009
 
Por Rubén Adrián Valenzuela     El poeta y ensayista mexicano José Emilio Pacheco, autor de trabajos tan singulares y reconocidos, como "El reposo del fuego" y "No me preguntes cómo pasa el tiempo", dice que la mayoría de sus libros los ha escrito para que los ilustre Vicente Rojo, mexicano también, pero nacido en Barcelona en 1932.

Vicente Rojo, de los Rojo buenos, sobrino del general Rojo (que se mantuvo fiel al Gobierno constitucional de la República y fue represaliado por ello), dejó España en 1942 y se ha convertido en toda una leyenda del arte más allá de las fronteras de Europa.
Sus trabajos ilustraron las obras de dos premios Nóbel de Literatura (Gabriel García Márquez y Octavio Paz) y llenaron las páginas de las más importantes revistas de arte (muchas de las cuales fundó y dirigió él mismo) y cuelgan en museos y galerías de medio mundo.
Ahora Vicente Rojo está exponiendo una serie de "Volcanes inventados",  pero yo no puedo decirles nada ni de estas obras ni de estos volcanes, porque este artista comenzó a interesarme por una obra y una peripecia muy concreta, por la cual, si no hubiese hecho nada más en su vida, ya se habría ganado, con honores, un lugar destacado en la historia de la ilustración gráfica.
En 1967 la Editorial Sudamericana, de Buenos Aires, había decidido lanzar la novela "Cien años de soledad" de un desconocido y jovencísimo Gabriel García Márquez quien, como se sabe, había vendido hasta sus trajes para acabar la que hoy se considera la novela maestra de la literatura hispanoamericana, junto con el Quijote, de Cervantes. Encargaron el diseño de portada a Vicente Rojo, quien se tomó su tiempo y emprendió la tarea sin desatender sus otras muchas obligaciones artísticas. La novela del colombiano se esperaba con impaciencia, ya que el Gabo y sus editores se habían encargado de promocionarla, dando algunos capítulos a la publicidad y dejando que los críticos más importantes se adentraran en los vericuetos de la saga de los Buendía.

Llegó el mes de mayo y Vicente Rojo seguía sin dar noticias. Desesperados, los de Sudamericana recurrieron a otro artista, bonaerense, y lanzaron tímidamente ocho mil ejemplares a la calle. Cuando la edición amenazaba con agotarse, llegó la ilustración de Rojo, que rápidamente estuvo dispuesta para una nueva tirada, ahora de diez mil ejemplares. Dicen que García Márquez, que no confiaba en vender esta segunda tirada de su libro, acusó a los editores de estar locos, de querer tirar el dinero y de no se sabe cuántas cosas más. Hasta les pidió que le firmaran un documento declarando que asumían toda la responsabilidad y que él se lavaba las manos.
La historia ya se conoce y hoy, cual más cual menos sabe que "Cien años de soledad" lleva vendidos más de 30 millones de ejemplares, habiendo sido traducida a casi todos los idiomas cultos de la tierra.

Pero las peripecias de Vicente Rojo en torno a este acontecimiento cultural no acaban aquí, porque cuando montaron la nueva portada, alguien, seguramente el propio artista mexicano-barcelonés tuvo la idea de escribir la palabra "soledad" con "e" al revés. O sea, con la letra "e" mirando hacia la izquierda. Hubo tal confusión con ese recurso literario, que un librero, en Montevideo, marcó con bolígrafo, sobre el título impreso, la "e" como él pensaba que debía ir y luego mandó una nota de protesta a los editores.
Otros, menos sacrificados que el uruguayo, simplemente devolvieron los ejemplares del libro y hasta hubo quien escribió un sesudo artículo de prensa para hablar de la falta de cuidado de los impresores. Hoy, un ejemplar con la ilustración de Vicente Rojo y la "e" al revés debe costar una fortuna en el mercado de coleccionistas, pero claro, esto te lo tienen que contar primero, cosa que yo hago aquí con muchísimo gusto. (rubenadrianvalenzuela@yahoo.es)
 
 

Tags: Una E al revés: cómo pasó

Publicado por Desconocido @ 10:35
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