Por Rubén Adrián Valenzuela
Te vas porque yo quiero que te vayas
A la hora que yo quiera te detengo,
Yo sé que mi cariño te hace falta
Porque quieras o no
Yo soy tu dueño
("La mediavuelta", JoséAlfredoJiménez, México, 1949)
Los intelectuales de izquierda, aquellos que se creían portavoces de las inquietudes del pueblo, tardaron décadas en descubrir el bolero, deslumbrados como estaban por el jazz, al que le rendían culto Julio Cortázar, Carlos Fuentes y el mismo Jorge Luis Borges quien, de paso, abominaba del tango.
Fue el autor de "Cien años de soledad", Gabriel García Márquez (al que siguió en España Manuel Vázquez Montalbán), quien comenzó a reivindicar este género, que tenía sus estrellas en intérpretes que vendían millones de discos y llenaban teatros hasta la bandera, cuando ni los Raphael ni los Julio Iglesias o las Lola Flores soñaban con ello.
El bolero es una pieza musical que cuenta un drama, generalmente de desamor, en poco más de tres minutos. Para algunos es de origen incierto, pero muchos le atribuyen raices españolas y cubanas y no son pocos los que hablan de los gitanos como sus principales cultores. Como quiera que sea, lo cierto es que es en los países de habla hispana y de preferencia en los caribeños, donde el bolero cobra carta de ciudadanía, extendiéndose por el mundo como una forma de ser y hacer que cautiva por su romaticismo y su facilidad para bailarlo.
La condición de "bailable" y su fácil ejecución no lo convierten en género superficial, exento de dificultades en su estructura musical y composición literaria. El propio García Márquez, quien, mientras vivió clandestino en París, cantó boleros y bachatas en un grupo que también integraba, entre otros, el escritor Carlos Fuentes, cuenta de dos intentos suyos (ambos fallidos) por componer un bolero. El primer asalto lo protagonizó con el famoso compositor y cantante mexicano Armando Manzanero, con quién pasó varias semanas esforzándose por hacer coincidir letra y música, hasta que se rindió. Más tarde lo volvió a intentar con el cantautor cubano Silvio Rodríguez, al que le contó el argumento de su idea para que le pusiese música, pero ni así...
García Márquez cree que el bolero y sus grandes interpretes -desde Lucho Gatica a Luis Miguel-, hablan en clave sudamericana y por eso resulta dificil de aceptar para los públicos europeos o anglosajones. En una conferencia del Premio Nobel de Literatura sobre el bolero, se refería a sus letras hiperbólicas, diciendo que "hay que ser mujer latinoamericana para entender que, cuando un hombre le canta aquello de "Quisiera abrir lentamente mis venas/, mi sangre toda verterla a tus pies/, para poderte demostrar que más no puedo amar/ y entonces morir después/..." es una forma de significar el amor más profundo y sincero. Una mujer latina entiende que su amado no quiere suicidarse, sino, en clave musical, declararle que está dispuesto hasta lo imposible para conquistarla. "¿Y qué mujer se resiste a una declaración de amor tan encendida?", se preguntaba el Gabo, al que sin embargo le han compuesto cumbias y cha cha chás con los argumentos o los personajes de sus novelas. Recuerdo particularmente una, que escuchaba en mis tiempos de estudiante, que hablaba de Macondo, ese pueblo imaginario donde se mueven los Buendía y sus descendientes.
Mi enamoramiento con Barcelona (y con una barcelonesa en particular) comenzó cuando descubrí que esta era la primera ciudad del mundo ( más tarde se sumaría Sevilla ), que había dedicado un monumento y plaza a un bolerista: Antonio Machín, que vino de Cuba para encontrar aquí a la "camarera de su amor" y fijó su residencia en España, donde murió.
El bolero es la expresión de sentimientos y vivencias que, siendo personales, son a la vez universales. Así, por ejemplo, lo ha entendido Pedro Almodóvar, que hace uso y abuso de las poesías que se han escrito en otras latitudes para ser cantadas en clave romántica. Y José Alfredo Jiménez, ese charro cantor al que se rinde homenaje en el Bar Tenampa, sito en la famosa Plaza de Garibaldi (recientemente hermanada con la Plaza Real de Barcelona), es el ejemplo de autor más plagiado por el cinesta manchego.
Y es que el bolero sirve tanto para enamorar como para despedirse de la persona amada: "Si tienes un hondo pesar, piensa en mí..."
(
rubenadrianvalenzuela@yahoo.es)
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