jueves, 19 de marzo de 2009
 POR RUBEN ADRIAN VALENZUELA.-   "EL DÍA QUE NO HAYA RANAS EN ESA NORIA PUEDES ECHARTE A TEMBLAR: SI EL AGUA ES BUENA PARA ELLAS, LO SERÁ TAMBIÉN PARA TI"   
 
 
En la casa de campo donde mi padre vino al mundo, había un pozo de agua pura y fresca donde a veces, a la llegada de crepúsculo, cantaban las ranas.
Una vez, siendo yo muy niño y mientras pasábamos unas vacaciones en la masía de la abuela protesté porque nos daban a beber el agua de ese pozo "porque a lo mejor un día acabamos tragándonos una rana".
Lo que me contestó uno de los peones que trabajaba para mi abuela fue una de las más claras e inolvidables lecciones de ecologismo que he escucuhado en toda mi vida: "El día que no haya ranas en esa noria, puedes echarte a temblar. Si el agua es buena para ellas, lo será también para ti".
Con el paso de los años he ido viendo cómo se degradaba nuestro planeta, fundamentalmente por la acción del hombre. He visto que de las charcas, pequeños arroyos y grandes ríos iban desapareciendo las ranas, los peces y hasta los pequeños roedores, como la rata almizclera, que era muy común en las tierras de donde provengo.
En la región magallanica, al sur de Tierra del Fuego he visto vacas ciegas (no una como en el poema de Joan Maragall, sino rebaños enteros), con las córneas de los ojos quemadas por las radiaciones que deja pasar el famoso "Agujero de Ozono".
Lo que ha ido sucediendo a vista y paciencia de todo el mundo, no pareció inquietar a nadie hasta que, ahora, los grandes organismos como las Naciones Unidas y algunas ONG más o menos decentes han venido a decirnos que nuestro mundo se acaba a plazo fijo. Y cuando afirmamos que nos preocupa  el mundo que vamos a dejar en herencia nuestros hijos, no somos conscientes de que, a lo peor, ni mundo ni herencia para nadie.
Recientemente se ha disparado la alarma del cataclismo ante uno de los fenómenos naturales más intrigantes de la hora presente, que nos viene a decir que el acto final ha comenzado. Las abejas, las simpáticas, poéticas y gráficas abejas mieleras (Apis mellifera), están desapareciendo de la faz de la tierra. No es que estén muriendo víctimas de algun flagelo (una de las últimas e históricas epidemias que mermó la población apícola en varios estados de Norte America, fue un parásito llamado "Varroa destructor", que es un ácaro ectoparásito - o lo que es lo mismo, que viene de fuera-, que ataca en invierno y que, al parecer, ha sido producido por el hombre), sino que desaparecen en el aire.
Podrá parecer catastrofismo -que lo es, pero con afanes altruistas-, mas las especies a las que consideramos inferiores son las primeras en advertir cuando algo va mal y nos lanzan sus señales de peligro aunque no les hagamos caso.
Un día las ranas del pozo de mi infancia dejaron de cantar. Y, cuando ya adulto y con hijos volví al campo de mis abuelos, me encontré con que esa agua limpia y dulce de mis años mozos se había vuelto pestilente y densa como el petróleo, no apta para algún tipo de vida. Me acordé de aquel campesino que vaticinó: "El día que no oigas cantar a las ranas..."
Ahora las colonias apicolas en Estados Unidos se estan esfumando y 24 Gobiernos regionales han decretado la emergencia, al grado de que el Congreso ha destinado fondos y expertos para investigar el fenómeno, al que han bautizado como Colony Collapse Disorder, CCD. No se trata sólo de que las abejas, al desaparecer, dejen de producir cera y miel y, por consiguiente, sin sus ingresos a importantes industrias en Europa y América. Se trata de que son las más eficaces y activas agentes de la polinización forestal y frutícola. Si no están, nadie hará su trabajo o, por lo menos, no del modo tan prolijo a que nos tienen acostumbrados. Nos quedaremos sin la florida primavera.
Las abejas, que entre civilizaciones antiguas como la egipcia y la maya eran consideradas divinidades, estan desapareciendo sin dejar rastro y las colmenas abandonadas se estan convirtiendo en el icono de un desastre anunciado. De hecho se ha venido a saber que los primeros desórdenes en este campo los comenzaron a denunciar algunos apicultores hace más de medio siglo, pero nadie les hizo caso. Ahora parece ser que el flagelo llega a Europa y aquí nadie sabe cómo encararlo y algunos se han conformado con atribuirlo al cambio climático. A lo mejor, y esto no pasa de ser una especulación literaria, ahora mismo las abejas nos están mirando desde una dimensión desconocida, a la que han emigrado para ponerse a salvo de desastre que se avecina. (rubenadrianvalenzuela@yahoo.es)



Tags: ¿A DÓNDE VAN LAS ABEJAS?

Publicado por Desconocido @ 0:53
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