miércoles, 18 de marzo de 2009

Hay otros mundos... es cierto o cuando el remedio es un libro

 
Por Rubén Adrián Valenzuela.- Cuando uno va al médico, lo normal es que a la salida lleve en el bolsillo una receta de medicamentos, cuando no, directamente una muestra gratuita de lo que te han recetado.
 
 
 
Cuando uno va al médico, lo normal es que a la salida lleve en el bolsillo una receta de medicamentos, cuando no directamente una muestra gratuita de lo que te han recetado. Conozco casos de doctores que además de atender con exquisita solicitud a sus pacientes de culturas lejanas, los medican ellos mismos y hasta les proporcionan dinero de su bolsillo para que vayan a una farmacia y hagan efectiva la receta. Esto es particularlmente cierto en el caso de las mujeres de formación musulmana, cuyos maridos no sólo no aprueban que visiten a los médicos locales sino que se niegan a facilitarles los medios para que compren las medicinas que se les han aconsejado. Podría dar el nombre de una entrañable doctora gallega en el ambulatorio del Casc Antic, en Barcelona, a la que se le han agotado los presupuestos para libros, cine y teatros, sólo porque le han aumentado las pacientes magrebíes, pero me temo que ella no quiera que se hagan públicas sus actitudes solidarias.
El otro día fui a mi médico particular, otro hombre de una cultura exquisita y un humanismo luminoso, al que voy cuando siento que los doctores que me proporciona el sistema no han  estado acertados. Bueno pues, este médico/amigo, homeópata a la vez que alópata, tiene la virtud de saber escuchar, de criticar sin tapujos a sus malos colegas y de no ocultar ni los orígenes del mal que te aqueja, ni los riesgos que conlleva un tratamiento poco adecuado. Muchas veces no te da recetas, sino consejos, y se conduele cuando estas en horas bajas, al extremo que en una de mis últimas visitas y habiendo comentado yo algunos dolores de mi alma, acabamos llorando juntos y contándonos vivencias que a un médico/funcionario no se le ocurriría escuchar y mucho menos compartir.
Salí de la consulta de este maravilloso galeno catalán, con una receta en la que figuran tres títulos de los más recientes libros de la doctora Elizabeth Kübler-Ross,  a quien yo no había leído, entre otras cosas porque siempre me declaré (ya no), reactivo frente a la literatura de intención espiritual o de crecimiento personal.
Lo más curioso es que, desde entonces, la figura de la doctora que se dedicó a convivir con pacientes terminales y a la que se le debe aquel fantástico libro, titulado "Vida después de la muerte", se me ha hecho omnipresente en el cine, en la televisión, donde dos personajes hablaban de ella y su obra. Y, últimamente en el suplemento Culturas de La Vanguardia. Allí, en aquel suplemento hecho -se supone- por personas que saben de lo que hablan, Angel Quintana se refiere al documental sobre la doctora Kübler-Ross como una especie de "receta de supervivencia" y luego se descuelga con una perla sobre el cine en versión original, subtitulado, (el documental sobre Kübler-Ross lleva subtítulos en catalán, que hay que leer, claro), elucubrando acerca de que se habría convertido en un nuevo circuito de arte y ensayo. Si esto fuese cierto, lo sería para él, porque en los países donde no se acostumbra a doblar la películas, éstas son consideradas pura y simplemente cine comercial. Y déjenme decirles, de paso que, allí, en aquellos países donde las películas se leen a la vez que se escuchan con sonido original, casi no hay analfabetos. La gente, desde muy temprana edad tiene que saber leer para obtener el grado de satisfacción que produce el llamado séptimo arte. Desde luego habría que decirle al señor Quintana que la gente que  va a ver películas como el documental de la doctora Kübler-Ross, o "La fuente de la vida", o "Las nueve revelaciones", o "Conversaciones con Dios", no es aquel tipo de público que va buscando la autoayuda y, probablemente sepan del tema mucho más que lo que pueda ofrecerles un determinado título o autor.
Yo no me he pasado a las filas del que busca ayuda espiritual en una ONG, como sugiere el comentarista de La Vanguardia. Pero creo que si algo está sucediendo en el mundo, es mejor enterarse por sí mismo y no cerrar los ojos a la realidad. Si algún efecto ha tenido en mí la receta de mi médico homeópata ha sido, precisamente, la de demostrarme que nadie está solo en la vida y que es cierto quello que decía André Bretón: "Hay otros mundos, pepro están aquí". Por cierto, el título que me recetó el Doc. es "La rueda de la vida".(rubenadrianvalenzuela@yahoo.es)



Tags: La Dra. E. Kübler Ross

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