Por Rubén Adrián Valenzuela.- Con lo que yo concluyo que los próximos debates entre candidatos a la alcaldía, por ejemplo, deberían hacerse en "El diario de Patricia" o en ¿Dónde estás corazón". Así al menos tendríamos ocasión de saber quien es el que grita más para hacerse oir y chupar cámara.
Daniel Benjamin, del Darmouth College, y Jesse Shapiro, de la Universidad de Chicago acaban de tener una idea genial que yo lamento no haber conocido antes, para aplicarla durante la campaña electoral que se acaba de cerrar en Galicia y el País Vasco.
Resulta que estos dos investigadores se dedicaron a perseguir a unos cuantos políticos norteamericanos mientras estos hacían discursos destinados a convencer a sus electores de que ellos eran lo mejor que les podía pasar en sus grises existencias. Todos eran buenos, todos eran inteligentes, todos eran honestos y todos merecían que se les votara para llegar al parlamento, la gobernación o el municipio de su comunidad. En el curso de sus arengas se desgañitaban ofrecindo rebajas de impuestos, mejores escuelas y hospitales, menos delincuencia en las calles, peajes más baratos y más piscinas públicas para aquellas comunidades apartadas del mar.
Pero entonces aparecieron estos dos universitarios "usamericanos" y decidieron poner a varios centenares de posibles electores frente a un aparato de televisión en el que aparecían los distintos políticos, pero sin sonido. Es decir, nadie podía oir lo que decían. El estudio difundió así extractos de 10 segundos de debates tomados de 58 elecciones de gobernadores entre 1988 y 2002 a una muestra de 264 participantes. Los extractos eran eliminados cuando los participantes conocían al candidato o su partido. Los pocos segundos de debates eran siempre entre dos candidatos blancos y varones, para evitar criterios de raza o sexo.
La sorpresa saltó cuando los candidatos más guaperas (algunos de los cuales decían o prometían verdaderas barbaridades), los mejor vestidos, peinados, maquillados o dorados por el sol, ganaban por paliza a sus oponentes más comedidos, preparados y sabios, pero con "mala pinta".
"Nos dimos cuenta que las elecciones basadas en el carisma eran un buen instrumento de predicción sobre el resultado de las elecciones", dijo Benjamin. Sin embargo, es difícil decir qué criterios físicos -mirada franca, sonrisa, porte- hacen adivinar la victoria. "Es bastante misterioso. Los criterios de las personas sobre el atractivo físico no son siempre los mismos. No es sólamente la apariencia, es otra cosa", explicó Jesse Shapiro, quien cree ver en estos resultados la explicación de por qué, cada vez, los menos preparados de entre nuestros políticos logran las designaciones a las que aspiran mediante el voto popular.
¿Culpa de la tele? Puede ser.
Con lo que yo concluyo que los próximos debates entre candidatos a la alcaldía, por ejemplo, deberían hacerse en "El diario de Patricia" o en ¿Dónde estás corazón". Así al menos tendríamos ocasión de saber quien es el que grita más para hacerse oir y chupar cámara.
Lo dicho, habrá que plantearse unas nuevas campañas políticas sin dicursos ni promesas. Puro cine mudo, como en las películas de Chaplin o los Hermanos Marx. Por cierto: los investigadores norteamericanos lograron comprobar que la mayoría de los electores dejaba de interesarse por un candidato determinado, en cuanto le devolvían el sonido a la tele y se podía oir la voz del aspirante a... ¿conserje?(
rubenadrianvalenzuela@yahoo.es).
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