jueves, 12 de marzo de 2009
Por Rubén Adrián Valenzuela.-  Creo que este filme de Thomas McCarthy debería ser declarado de utilidad pública y ser incorporado como artículo de primera necesidad en la cesta de la compra
 
 
Desde que hace más de un mes me invitaron a un pase privado  -para críticos de cines-, de The Visitor, no he podido quitarme la sensación de que debo escribir con urgencia sobre esta película de  Tom McCarthy. Y una frase publicitaria -Tags les llaman ahora-,  que intenta resumir la esencia del filme, me ronda la cabeza como un mantra: "En un mundo de seis mil millones de personas, sólo necesitas a una para que te cambie la vida".
Yo, que no soy crítico de cine y en cambio, sí, critico mucho a los críticos (de entre mis colegas en Barcelona no hay uno solo que haya hecho un curso ni un seminario sobre Apreciación Cinematográfica), me quedé pasmado cuando constaté, durante la proyección de The Visitor, que había críticos sollozando y haciendo catarsis como un espectador común y silvestre.
Salimos de la sala, en los Multicines Verdi, y nos reunimos de urgencia en los pasillos y hasta en los lavabos, para comentar que esta película, con toda probabilidad, iba a obtener un Oscar de la Academia de Hollywood. No fue así, como ya sabemos, pero creo que ni falta hace. La han premiado con el National Board Of Review; el Independent Spirit Award nominó a Thomas McCarthy como el Mejor Director, a Richard Jenkins como el Mejor Actor y a Haaz Sleiman como el Mejor Actor Secundario. También la premiaron como Mejor Película en el Festival de Deauville y la Asoc. de Críticos de Chicago nominó a Richard Jenkins como el Mejor Actor, premio que sí le dieron en el pasado Festival de Moscú.
Total, que por premios no se puede quejar el director y guionista (el mismo de Vías Cruzadas), pero creo que la verdadera consagración le vendrá por parte de los espectadores, a muchos de los cuales les cambiará la vida, sin lugar a dudas. De hecho, habría que declararla de utilidad pública e incorporarla a la cesta de la compra...
Tal como he afirmado al comienzo de esta nota, se trata de una obra catártica, que te impulsa a protestar, a levantar la voz por los perseguidos y discriminados. Por las leyes injustas y el trato abusivo de quienes tienen que aplicarlas. Es más, en lo personal me ha obligado a un exámen de conciencia tan profundo, que hasta he sentido la necesidad de ir a pedir perdón a aquellos a los que no traté con tanta bondad y misericordia como el protagonista de The Visitor.
Porque créanme o no, yo viví exactamente la misma experiencia que Walter Vale en el comienzo de la película: Un día llegué a mi piso del Casco Antiguo en Barcelona (del que faltaba por razones de trabajo unos tres meses),y encontré que una pareja de rusa blanca con angoleño negro se habían instalado a vivir allí, según ellos después de haberle pagado el alquiler a una persona que nunca apareció y nunca pude identificar. Jamás lo podré olvidar, porque los "visitors" se estaban preparando a pasar la Noche Buena, y sobre un fogón de la cocina hervía un pollo, mientras la casa bullía de bolsas con compras hechas a última hora y en un aparato de música sonaba un CD con canciones navideñas. Estaba explicándoles que yo era el légítimo dueño del apartamento cuando vi que por la escalera subía otra pareja, también de rusos. Se cambiaron unas cuantas frases en su idioma y sin darme tiempo a reaccionar, cogieron la olla con el pollo a medio cocer, unas cuantas bolsas llenas de víveres y golosinas y se largaron como alma que se lleva el diablo.
Encargué a un vecino que hiciera guardia y como aún era temprano, me fui a una ferretería, compré una nueva cerradura para la puerta y como pude y en un estado de nerviosismo y de ira sin control, la instalé. Vestido me metí a la cama, que se me antojaba mal oliente y llena de efluvios poco estimulantes.
A la mañana siguiente -festivo-, apareció la joven rusa a pedir el resto de sus pertenencias y el pasaporte, que se había dejado olvidados en su fuga. Nunca pregunté dónde habían pasado la noche ni si habían podido celebrar la Navidad. Fui muy poco generoso, pero esto no lo he pensado hasta que asistí al pase privado de The Visitor.
Creo que, como a Walter Vale, el personaje que encarna Richard Jenkins, esa película le cambiará a muchos el modo de ver la inmigración clandestina que inunda nuestras ciudades occidentales. Y no les cuento nada que la publicidad del filme no haya contado ya, cuando transcribo estas notas: "Cuando su universidad les envía a Manhattan para asistir a una conferencia, Walter (Vale) se queda sorprendido al descubrir que una joven pareja se ha instalado en su apartamento. Víctimas de una estafa inmobiliaria, Tarek de nacionalidad siria y  Zanaib, su novia senegalesa, no tienen a dónde ir..."
He hablado tanto de esta película a mis amigos, que a muchos les he prometido volver a cine para verla juntos. Ojalá y alguna vez alguien me haga saber que con The Visitor se acordó de mis palabras. (rubenadrianvalenzuela@yahoo.es)

 

Tags: Y los criticos lloraron

Publicado por Desconocido @ 23:56
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