Por Rubén Adrián Valenzuela.- Tanto la fotógrafa como su clienta, a la que pagó para que le permitiera hacer sufrir a su hijo, han dicho que la vida es así. Que tan pronto te da un caramelo como te lo quita sin previo aviso. Vienen a decir que si más tarde te van a maltratar, ¿qué más da comenzar un poco antes?
Jill Greemberg, una fotografa estadounidense que vive en Los Angeles, se ha instalado en la cresta de la ola de la polémica gracias a unas fotografias - que ya vendió todas y a muy buen precio- en las que retrata a varios niños que lloran tras haberles quitado un caramelo.
El asunto lo han tratado desde los más diversos ángulos tanto los partidarios de la artista -de origen judío, como su marido-, como los que ven en las fotos la evidencia de un abuso infantil que raya en la pornografía.
Yo no diré tanto, pero tampoco me quiero quedar ajeno a la discusión, porque una frase que ha dicho la supuesta autora de las fotos así como la madre de uno de los niños retratados me ha sonado a disco viejo: Lo vengo oyendo hace tiempo por estos lados y, la verdad, no me gusta nada la melodía.
Tanto la fotografa como su clienta (pagó para que las mamás dejaran maltratar a sus hijos) han dicho que la vida es así: que tan pronto te da un caramelo como te lo quita sin previo aviso. Vienen a decir que si más tarde te van a maltratar, ¿qué más da comenzar un poco antes?
He citado antes la condición de judíos de Jill Greemberg y su marido, porque tal parece que los miembros de esta etnia tuviesen derechos adquiridos sobre el sufrimiento. He estado a las puertas de una tienda regentada por judíos cuando un menesteroso se acercó a pedir limosna: "Tengo hambre", dijo, para justificar su petición. "Mas hambre pasamos los judíos en los campos de exterminio de Alemania", le contestaron para no darle la ayuda que pedía.
Ahora esta señora Greemberg nos sale con que más cornadas te da la vida y que el simple hecho de quitarle el caramelo a un niño ni va provocar un trauma ni se ha de convertir en una tragedia.
Pues, mira por donde, yo sí creo que es una tragedia que a tan temprana edad te esten haciendo sufrir para que otro lucre con tu dolor. Las lágrimas retocadas, los gestos de dolor ensombrecidos artificialmente sobre los retratos de los niños tienen que dejar huella en alguna parte, recóndita, de la psique.
Alguna vez oiremos o leeremos que uno o varios de estos niños, convertidos ya en adultos o casi, se atrincheraron con un arma en un colegio y repartieron balas a diestra y siniestra.
No entiendo este afán de algunos de anticipar los padecimientos. Me resulta tan inmoral esto como aquel que prostituye a una jovencita con el argumento de que "si no lo hago, tarde o temprano lo hará otro que no será tan complaciente".
Andrew Peterson, un asesor de inversiones en San Francisco y padre de cuatro niños publicó en su "blog" un comentario que ha hecho saltar chispas: "Jill Greemberg es una mujer enferma que debería ser arrestada por abuso infantil. Lo que hace me provoca el vómito y deberíamos mostrarnos ofendidos por lo que hace esta mujer horrible. Aunque los niños no son utilizados en asuntos sexuales, considero esto pornografía de la peor especie".
No han tardado en aparecer los defensores de lo indefendible. Esos, seguro, ni son padres ni han pensado en la posibilidad de que el día de mañana alguien, de visita en una casa, se encuentre enmarcado y presidiendo el salón, un retrato de su hijo que lloraba porque otro, sin escrúpulos, le quitó el caramelo que antes había otorgado como una gracia.
Si en España no se puede fotografiar a los menores ni siquiera en el "Hola" y con el consentimiento de los padres, ¿por qué hemos de tolerar que en otras partes lo hagan, caramelo mediante? ¿Qué diferencia hay con el acto de fotografiar a un niño que está siendo vejado, sexualmente si eso, muchas veces se hace también a cambio de dinero y con el consentimiento de los padres o tutores?
A los pequeños hay que protegerlos en todo tiempo y lugar y no se les ha de alentar el conocimiento del dolor o el sufrimiento por más que esto se justifique con la preparación para la vida que viene. Si fuera por eso, a algunos que ya huelen a cadaver, habría que acelerarles el paso a la otra vida poniéndoles a dormir en un ataud. (
rubenadrianvalenzuela@yahoo.es)
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