lunes, 02 de marzo de 2009



Dos agentes del KGB salieron de Sitges llevándole un eminente cardiólogo catalán a Boris Yeltzin.   Por Rubén Adrián valenzuela     



Pudiera ser que ahora mismo, mientras alguien lee esta columna en la terraza de un café en Sitges, él esté sentado a menos de dos metros de distancia. A lo mejor le vemos pasear cada verano cerca del rompeolas, o nos lo encontramos comprando el diario, o en el supermercado, con su mujer. Es uno de los grandes cardiólogos catalanes y su peripecia profesional lo ha llevado a situaciones indescriptibles, como de película, pero él ni presume ni ostenta. Es, diria yo, uno de esos pocos hombres sabios que teniéndolo todo para ser famoso y llenar las pantallas de la "caja atontada", prefiere la intimidad de un cine, la tertulia cálida de un atardecer en el Meliá o las "tapas conversadas" del Izarra.
El Doctor X -así lo llamaremos para entendernos mejor-, no vive en este angosto pedazo de costa, pero suele instalarse aquí con su familia, cada vez que puede. Y un día del verano 1994 (o fue en 1995?), dos agentes del KGB de la entonces agonizante URSS (que para más información se alojaban en el Aparthotel Mediterráneo), lo abordaron mientras desyunaba en la terraza del Villa Lola. Le pidieron permiso para sentarse, le mostraron unas credenciales de esas que hoy se pueden comprar por dos euros el Mercado de las Pulgas de Frankfurt y le conminaron a que diera su palabra de que todo lo que se hablase a partir de ese momento, sería secreto.
El médico, más divertido que asustado ante esta especie de comedia de espías dijo que sí, que estaba obligado por el secreto profesional y se dispuso a escuchar a sus dos extraños contertulios. Una hora larga después alguien pagó la cuenta y el doctor X y sus acompañantes dejaban Sitges en dirección al aeropuerto de El Prat, sin que le hubiesen dado tiempo, ni siquiera, para llamar a su casa y decir que no vendría a comer. 
Lo que sigue a continuación forma parte de una indagación que me ha llevado años construir, con fragmentos de aquí y de allá, sin que nunca mi amigo médico, o su familia, hayan querido autorizarme a contar con nombres y apellidos esta historia. Pero al parecer los dos agentes del KGB eran en realidad dos enviados del presidente ruso Boris Yeltsin, que condujeron al profesional hasta una pista alejada del principal aeropuerto barcelonés y lo embarcaron en un Ilyushin-76 que como único distintivo exterior mostraba una banderita del Kremlin que asomaba por la ventanilla del piloto. Dentro, sin embargo, estaba equipado como un hospital, con quirófano y arsenal médico y cómodas instalaciones destinadas a hacer plácida la presencia de invitados de alto rango.Le ofrecieron que mirase todo y dijera si faltaba algo, porque lo comprarían de inmediato. Luego despegaron rumbo a Moscú, donde las medidas de seguridad se hicieron más evidentes y el secretismo más complejo, al grado de que el médico catalán nunca ha sabido si estuvo dentro de los límites del Kremlin, cerca de la Plaza Roja o en una "dacha" como las que acostumbraba utilizar el insigne borracho, ahora desaparecido.
Boris Yeltzin ha pasado a la historia como el desintegrador de la URSS (cosa que su sucesor Vladimir Putin ha calificado recientemente de "la mayor catátrofe política del siglo XX") y como el primer presidente de Rusia, pero poco o nada se ha dicho de su afición al nepotismo, la desmedida avaricia y corrupción que caracterizaron a su familia y colaboradores (se dice que su hija Tatiana es la mujer más rica de Europa) ni ese indisimulado amor por imitar el lujo y la ostentación de las casas reales europeas.
En su avión hospital, que algunos expertos han valorado en más de 50 millones de euros, Boris Yeltizin se hizo auscultar más de tres veces por el médico catalán trasladado tan en secreto a Moscú. Su corazón estaba fallando y, al parecer para evitar filtraciones, no se podía confiar en los galenos formados tras el llamado "Telón de Acero".
Hoy, que Yeltzin yace felizmente bajo tierra y no se puede trepar a los tanques para alentar a las masas, creí oportuno contarles este secreto que me ha tenido amordazados durante años. Creo que vincular a los secretos de la Rusia heredada de los zares a un profesional catalán de la medicina podría ser un motivo de orgullo y novedad, pero mis fuentes no me han autorizado a desvelar todo lo que sé.
Confío en que alguna vez, un libro de memorias de un médico tan famoso como en su día lo fue el Dr. Puigvert, desvele todo lo que he debido dejarme en el tintero y entonces, con una pantalla de CAMBIO21 en el computador, podrán poner los nombres y apellidos que hoy faltan en esta nota. (rubenadrianvalenzuela@yahoo.es)

Tags: Aventuras con B. Yeltzin

Publicado por Desconocido @ 16:04
Comentarios (0)  | Enviar
Comentarios