Se puso triste. Buscó una silla de esas de tijera que suele haber en todas partes y se sentó junto a unos libros de autoayuda que yo estaba retirando de los escaparates. "No sirven de nada" -comentó como si hablara consigo mismo-. "Si uno no se ayuda desde dentro, ningún libro de autoayuda te sacará del agujero". Por Rubén Adrián Valenzuela
Todavía andan dando vuelta sobre mi mesa de trabajo, los garabatos que hizo en un sobre. Es un sobre de esos en los que te mandan publicidad o propuestas de negocios que no sabes de qué van, pero que nunca tiras, por si acaso...
Lo cierto es que él vino a mi despacho unos dos o tres días antes del 14 de febrero, día de los enamorados según dijo, y me previno: "No te lo vayas a tomar a mal, pero he tenido un sueño muy extraño contigo".
Después de unas cuantas bromas -yo le dije que a los 80 años no debería andar soñando con tipos guapos como yo- insistió en que su sueño era algo serio, que debería preocuparme porque si uno sueña que está contento, es que llorará cuando esté despierto.
- ¿Y quien estaba contento en tu sueño?, pregunté.
- ¡Tú! Estabas muy contento y te reías porque tus negocios funcionaban y las reformas que has emprendido gustaban a todo el mundo.
- Pero eso es natural -le contesté casi con fastidio-. Si lo que estoy haciendo es bien recibido por mis vecinos y amigos y atrae nueva clientela, es natural que me ponga contento...
Se puso triste. Buscó una silla de esas de tijera que suele haber en todas partes y se sentó junto a unos libros de autoayuda que yo estaba retirando de los escaparates. "No sirven de nada" -comentó como si hablara consigo mismo-. "Si uno no se ayuda desde dentro, ningún libro de autoayuda te sacará del agujero".
Comenzó a inquietarme. Le dije que tenía mucho trabajo, que debía ordenar unos paquetes que acababa de recibir por mensajería y hasta me permití una impertinencia: "¿Cuantas despachos te faltan por visitar hoy?"
Repuso que ninguno, que aquel día había venido directo de su casa a la mía porque presumía que en su sueño había algo cuya respuesta era de mi incumbencia. "Presiento que aquí hay un mensaje para tí y el único que lo puede descifrar eres tú".
Yo no recuerdo exactamente cómo ni por qué vino Pau a mi oficina, ni cómo fue que comenzamos a tratarnos como amigos. Mucha gente visita los negocios que están cerca de su casa y cuenta anecdotas, pide consejos, habla de sus problemas, busca algo para comprar que generalmente no necesita y a veces hasta acaba llorando sin que nadie conozca cómo hacer para consolarle.
Pau vino buscando un libro que yo no tenía pero que me comprometí a buscar en los distribuidores mayoristas. No lo encontré, pero lo saqué de mi biblioteca personal y se lo traje, aún con la dedicatoria de la persona que me lo había regalado, hace años ya.
"¡Sabía que eras alguien especial!" - dijo entusiasmado-.
Según él, sólo contadas personas habían leído ese libro y, si bien no aceptó quedarse con mi ejemplar, pidió que le fotocopiara algunas páginas y se las llevó como si se hubiese hecho dueño de un gran tesoro. Dos o tres días más tarde vino a verme con un album de fotos familiares y me mostró las huellas de su origen. Era catalán por parte de madre, alemán por parte de padre y eso le había llevado a convertirse en soldado del Reich, en Alemania, durante la Segunda Guerra Mundial. Otro día trajo unas armas rudimentarias que había recogido en Africa, tras salvar la vida, herido, en un campamento Masai. Eran las armas con que lo habían atacado y según él estaban aún impregnadas de su sangre y prometió que, tras su muerte, yo las recibiría como herencia. Pero ahora, en febrero de 2009, mientras yo iba atendiendo a las pocas personas que se acercaban a mi local, él insistió con su sueño: "¿Qué relación tienes con el número 16?", preguntó. "Que es el día de mi cumpleaños", dije.
Casi se cayó de la silla. "¿¡Ves!?, ¿¡ves!? Este sueño tiene que ver contigo y con tu futuro. También he visto repetidamente el 19 y después se me ha aparecido el 445, que se peleaba con el 3 y el 54 porque se quería quedar pegado a la puerta de tu despacho..."
"No puede ser, Pau. Estamos en el 340 y el 445 cae más allá de la parada del autobús. Me parece que hay una tienda de textiles que se llama Índigo, pero no estoy seguro".
"¡No, no, no! Esto tiene que ver contigo, pero eres tú el que le tiene que buscar un significado oculto!"
Cogió el sobre y un rotulador de punta fina y se puso a hacer garabatos. Sumó 19 y 445 más 354 y después restó, multiplicó y hasta dividió, pero ninguno de los resultados dijo nada que tuviera que ver conmigo ni con mi mundo conocido. Le reproché que hubiera ignorado en sus operaciones el 16, pero me dijo que eso para él ya estaba claro: "Es el día de tu cumpleaños y no hay más vueltas que darle. Si compras un número de lotería, debe ser el primero: ha de comenzar en 16". La hice un gesto con el dedo en la sien, dándole a entender que estaba loco.
Total, esa misma noche tomé un tren hacia Granada, a donde me fui para celebrar mi aniversario en compañía de uno mis hijos, Leonardo, que se ha convertido en un eximio guiterrista flamenco. Volví a Barcelona el fin de semana y el domingo 22 compré, muy temprano El País, pero apenas sí lo leí, atrapado por la lluvia y otros avatares. El lunes 23 vine a mi trabajo y activé algunos compromisos, hasta que el martes, mientras buscaba algo qué leer en el WC, abrí el periódico del domingo ,por la página 40. Allí aparecía el resultado del sorteo de la Lotería del 15 de febrero de 2009 y en letras muy destacadas los números 16-19-44-53-54 que habían dado un primer premio de 7.391.096,25. Euros.
Yo no sé si ese premio estaba destinado a convertirme en millonario o sólo a demostrar la gran cantidad de misterios que aún se guarda el cerebro humano, pero voy con la moral por los suelos y ya no compro más periódicos...
Por cierto, el martes después que salí del baño, eché la llave al portal de mi oficina y me fui a buscar a Pau en su apartamento de la Avenida Diagonal. El lunes, día 16, lo habían llevado a Urgencias, con una embolia cerebral, de la que es posible que no se recupere. (
rubénadrianvalenzuela@yahoo.es)
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