domingo, 22 de febrero de 2009

“Los hijos suelen ser muy crueles si,  además del prestigio de la familia, puede estar en juego el patrimonio del que esperan disfrutar por la vía de  la herencia”,  comenta el catedrático de Psicología al que le referí esta historia. “No les importa abandonar a sus mayores en una residencia, pero son muy celosos si,  además de dinero, hay sexo implicado en el asunto”.  

 

 

 

     Rogaciano Meninge (nombre ficticio, caso real) estaba a punto de cumplir 80 años cuando la justicia de su país dictó una orden de busca y captura en su contra. Le acusaban de haberse llevado a la  “miñona” de su hogar,  y una buena parte de los ahorros familiares, para vivir una historia de amor que nadie aprobaba.

“Tengo derecho” –decía cuando le detuvieron-. “El dinero es mío y la moza es mayor de edad”, pero sus hijos, más preocupados de que menguara la herencia que de la felicidad de su anciano padre, consiguieron que se le declarase mentalmente irresponsable y que la novia devolviese todos los regalos que alcanzó a recibir en poco más de diez días de una romántica Luna de Miel en Buenos Aires.

Rogaciano, que se resignó, convencido de que en la sociedad en que vivimos es más delito amar que ir a la guerra, tuvo en sus últimos días el apoyo de uno de sus nietos, quien me contó el episodio en el curso de un largo viaje en un autobús de línea.

“El abuelo estaba sinceramente enamorado. Escribía unos versos de amor inspiradísimos y sentía que tenía derecho a echar mano de la fortuna que él había conseguido acumular en toda una vida de trabajo”.

No pensaban igual los herederos del fogoso anciano, que creían que el amor es cosa de mayores, pero no tanto. Y desconfiaban de la mujer, de 45 años, que se había embarcado en una aventura amorosa tan incierta. Aunque ésta insistió en que nunca había recibido tanta ternura como la que alcanzó a proporcionarle Rogaciano en su escapada a la capital, tras devolver los regalos (un espectacular Mercedes deportivo y un atildado abrigo de pieles), pugnó sin éxito ante los tribunales para que la autorizasen a acompañar al anciano en sus últimos días de vida.

“Los hijos suelen ser muy crueles si, además del prestigio de la familia, puede estar en juego el patrimonio del que esperan disfrutar por la vía de la herencia”, comenta el catedrático de Psicología al que le referí esta historia. “No les importa abandonar a sus mayores en una residencia, pero son muy celosos si, además de dinero, hay sexo implicado en la historia”.

Lo cierto, sin embargo, es que los tiempos no cambian en vano y, al menos en sociedades avanzadas como la sueca, por ejemplo, parece estar viviéndose una revolución sexual en la tercera edad. Según un estudio (que ya citamos en la anterior entrega), los mayores, cada vez más, se quitan de encima tabúes y prejuicios, en la medida que van descubriendo que los placeres del sexo y los años no están reñidos, ni son pecado.

Según la investigación publicada recientemente por el British Medical Journal, BMJ, “los mayores suecos del siglo XXI disfrutan de la sexualidad más que las generaciones pasadas” y comparando las inquietudes sexuales de hombres y mujeres mayores de 70 años se ha podido establecer que cada vez son más los que se apuntan a este club. “Los mayores suecos de hoy “ –dice el estudio- “hacen más el amor que sus padres y abuelos”.

El 68% de los hombres casados asegura que practicó relaciones sexuales regulares en 2001, frente al 52% que lo hicieron en la década de los ’70. El número de mujeres casadas que practicó el sexo después de los 70 años de edad ha subido al 54%, lejos del 30% de 1970. Otro 12% de mujeres solteras asegura mantener relaciones “en la misma medida que se han ido desprendiendo de prejuicios religiosos y culturales”, superando ampliamente al escaso 1% que confesaba esto en 1970.

Según el psiquiatra forense y sexólogo español, M.  Ortega Monasterio, en este país las cosas también están cambiando “pese a que los jóvenes, hoy mayores, tuvieron que vivir la revolución sexual de un modo más traumático y mucho tiempo después que en el resto de Europa”.

Es evidente que las posturas de la iglesia en materia de sexo y libertad pesaron mucho en España, pero “aun cuando queda mucho camino por recorrer, las cosas estan cambiando a marchas forzadas”, dice la responsable de una residencia de ancianos, quien, aunque no da ejemplos, dice que ahora se ven cosas impensables entre los abuelitos. “El final de la vida no tiene por qué ser un valle de lágrimas y recato”, dice con `picardía. (rubenadrianvalenzuela@yahoo.es)

Por Rubén Adrián Valenzuela     

Tags: ¿Amor, codicia o envidia?

Publicado por Desconocido @ 13:03
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