jueves, 19 de febrero de 2009

En la escuela parroquial en la que hice mis estudios primarios, el cura me mandó a casa cuando, durante una clase de Catecismo, le pedí que me dijera qué significaba la palabra fornicar, que figuraba como una de las prohibiciones en los Diez Mandamientos. Fui a hablar con mi madre y repetí la pregunta que mi catequista no había querido responder:

 

 Por Rubén Adrián Valenzuela       

 

 

 

Conviví durante un tiempo con una atractiva joven catalana que, cada vez que hacíamos el amor, iba a la iglesia a confesarse. Tenía serios problemas con su conciencia y se debatía entre la relación conmigo y las reprimendas de su confesor, que le hablaba admonitoriamente de las tentaciones de la carne y los calores del infierno.

Al final pudo la más la vehemencia sacerdotal que mi pasión de amante pues se ve que cuanto más fogoso me mostraba yo, más se asustaba ella. Quería verme convertido en una especie de ameba asexuada, recogido en una casta meditación profunda y en un piadoso retiro espiritual …, de día. Porque de noche era cuando ella ganaba puntos para ir al día siguiente a pedir perdón por sus pecados.

Ahora ella milita en las filas de un movimiento cristiano ultraconservador conocido como “Neocatecumenal” y yo escribo en L’Eco de Sitges, cosa que no tiene nada de erótico, pero que me divierte un rato y me pone en contacto con gente que me insulta por mis opiniones.

El amor es una materia espesa y complicada para la que nadie nos prepara y para la que venimos al mundo sin ropa. ¿Será por eso que nos desnudamos para ir a la batalla de los sexos?

El problema es que si la cosa es difícil por la naturaleza, cuando le añadimos ingredientes como la religión, la filosofía y la moral, suele convertirse en indigesta. Pablo Neruda contaba que en una ocasión estuvo viviendo en una habitación destartalada y húmeda que le alquilaba una joven viuda. Cuando, como era de esperar, ambos acabaron en la cama, él pensaba en los versos que iba a componer contando su experiencia, mientras ella recitaba el Padre Nuestro y entre estertor y estertor, sollozaba el nombre del hombre que la había convertido en viuda.

Nadie nos prepara para amar.

En la escuela parroquial en la que hice mis estudios primarios, el cura me mandó a casa cuando, durante una clase de Catecismo, le pedí que me dijera qué significaba la palabra fornicar, que figuraba como una de las prohibiciones en los Diez Mandamientos. Fui a hablar con mi madre y repetí la pregunta que mi catequista no había querido responder:

“Mamá, qué es fornicar?”.

El bofetón que me dio doña Chela todavía me duele, no por doloroso, sino porque me condenaba a la ignorancia fornicaria y puedo asegurar que durante mucho tiempo estuve practicando el sexo subrepticio sin saber que eso que yo hacía era ¡fornicar!

No nos preparan para amar.

En cambio, para ir a la guerra, a matar y odiar al enemigo (muchas veces ficticio), se crean prestigiosas academias que se nutren de lo más goloso del Producto Interior Bruto, PIB, del país.

Ahora la Universidad de Goteburgo ha hecho públicos los resultados de un estudio en el que se revela que muchos tabúes sexuales pesan más que los años cuando se va a la cama en pareja. La cosa, sin embargo, se va corrigiendo y ya los que integran esa nutrida tribu a la que se conoce como la “Tercera Edad” se atreven a disfrutar más de su sexualidad, al menos en Suecia, que es donde se desarrolló la investigación.

En España, aún cuando no hay estudios serios y profundos, se sabe empíricamente que el franquismo y quienes abrazaron esa causa convirtieron el amor en todas sus manifestaciones carnales en un campo minado con bombas de efecto retardado. (rubenadrianvalenzuela@yahoo.es)




Tags: ¿Mamá, qué es fornicar?

Publicado por Desconocido @ 8:04
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