miércoles, 18 de febrero de 2009

Durante más de treinta años, el puñetazo que el escritor y eterno aspirante al Nobel de Literatura
Mario Vargas Llosa propinó al autor de "Cien Años de Soledad", Gabriel García Márquez, ha sido pasto de
salón.  Por Rubén Adrián Valenzuela



En todos los corrillos literarios y en centenares de
ocasiónes, el tema se debatió con más o menos fortuna,
especulándose en torno a las claves secretas de la
ruptura de una amistad fraguada en años de vacas
flacas, cuando ambos protagonistas (¿o habría que
decir cuatro), sólo podían permitirse soñar con la
gloria.
Ni García Márquez ni Vargas Llosa han aceptado, jamás,
referirse a la pelea y sólo alguna vez, casi por
descuido, se han referido a ella como "un episodio
lamentable".
Recientemente, el suplemento dominical
de La Vanguardia publicó una entrevista con el ahora
octogenario Premio Nobel, García Márquez,  pero fue su
mujer, Mercedes Barcha, la que hizo una alusión a la
agresión que afectó a  su marido, diciendo que Vargas
Llosa jamás había pedido perdón y que, en todo caso,
si ahora se decidiera a hacerlo, llegaría tarde.
Añadió que no sería bien recibido en la casa del hijo
del telegrafista de Aracataca y le dio carpetazo al
asunto.
La  edición conmemorativa de "Cien años de soledad",
que vio la luz con los auspicios de la Asociacion de
Academias de la Lengua Española
, incluyó varias notas
introductorias y un estudio preliminar, que hizo
pensar a muchos que el escritor colombiano y su colega
peruano se habían reconciliado, pero no. Pese a que la
publicidad hizo creer que había habido reencuentro
amistoso entre ambos autores, lo que de verdad ocurrio
fue que, Vargas Llosa, autorizó la reedición de un
fragmento de su texto, en el que aclama a "Cien años
de soledad" como "la novela total", por una sola vez y
sin que siente precedentes.
Pero, ya se sabe, hasta los secretos mejor guardados
salen tarde o temprano a la luz. Y este, de un
supuesto lío de faldas entre ambos escritores y una no
tan supuesta actitud mujeriega de García Márquez, dejó
muchas huellas y muchos testigos presenciales, que el
tiempo se ha encargado de ir poniendo al descubierto.
Ahora, en México, se acaba de desvelar el misterio.
Rodrigo Moya, fotógrafo de gran prestigio y amigo de
los dos escritores cuenta -con foto de un García
Márquez magullado, con el ojo en funerala y la nariz
rota en el puente-, que la agresión de Vargas Llosa se
produjo, de modo inesperado, durante un pase privado
de una película a la que asistían los dos escritores
con sus dos esposas. Según la versión de Moya, el 12
de febrero de 1976, García Márquez y su esposa
Mercedes intentaron mediar entre Vargas Llosa y su
mujer Patricia, que acababan de regresar de París, donde
al parecer habían entrado en una crisis que iba a
conducir a la separación. El colombiano dijo algo que
no gustó a la mujer del peruano, quien reaccionó
propinando el puñetazo del que no ha dejado de
hablarse desde hace treinta años.
Dos días después de la agresión, García Márquez se
presentó en casa de Rodrigo Moya a pèdir que le
hiciera unas fotografías que, presumiblemente,
presentaría como prueba en un juicio contra Vargas
Llosa. Por cuestiones de imagen y para no seguir
alimentando la polémica, la denuncia nunca llegó a
formalizarse, pero las fotos quedaron y hoy circulan
ya, con el ojo en compota de Gabo, por las redacciones
de Cultura de los más prestigiosos periódicos del
mundo. Seguiremos haciendo literatura del puñetazo los
próximos treinta años.
(rubenadrianvalenzuela@yahoo.es)



Tags: Un episodio lamentable

Publicado por Desconocido @ 15:50
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