sábado, 14 de febrero de 2009
Las más de las veces es uno el que no se quiere y ahí no hay nada que hacer. POR Rubén Adrián Valenzuela




Una vez, hablando con García Márquez (una de las pocas
veces que pude hacerlo), me dijo que él escribía para
que lo quisieran, no para que le pagasen.
Claro que si además de quererlo a uno le pagan, digo
yo que estará bien, pero me quedé con el cantito,
porque uno vive haciendo cosas para que lo quieran. Lo
malo es que las más de las veces es uno el que no se
quiere y ahí no hay nada que hacer... Creo que haría
falta un "peeling!" del alma, algo así como comenzar
de nuevo, pero con un tratamiento tipo iglesia
católica.
Dice Dan Brown, uno de los peores enemigos del
catolicismo (según el catolicismo) por su libro sobre
el Código Da Vinci, que una de las mayores
aportaciones  del cristianismo a la salud mental de la
humanidad es el sacramento de la confesión. La gente
que se lo cree (y hay muchos que lo creen desde el
fondo de sus convicciones) siente que se renueva, se
limpia y se carga las pilas cuando va al cura y le
cuenta todo lo de malo que cree haber hecho y haberle
hecho al prójimo.
Yo creo que cuando a uno se le va cargando la mochila
de muchas cosas de las que se arrepiente y no termina
de arrepentirse ni de resolverlas, comienza a sentir
que la carga es mucha.
Cerebralmente, según las últimas aportaciones
científicas, no hay nada que hacer. El cerebro no
trabaja ni a favor de la felicidad ni a favor de
nuestra ruina. Lo podemos poner en acción nosotros,
pero una prueba de que el cerebro no tiene nada que
ver en estas cuestiones, es el cáncer, que comienza
cuando una célula se propone revolucionar su entorno.
Sólo cuando ya el mal está declarado y con conciencia
volitiva, es posible poner al cerebro a trabajar en
una lucha que, si uno mismo no está convencido,
acabará en derrota.
Lo mismo pasa con el arte: no está concebido para
transformar nada. Es sólo una expresión, que se
manifiesta cuando las necesidades básicas están
resueltas. Se hace arte con la panza llena, cuando se
ha dormido bien y se tienen pagadas todas las
facturas. Si hay guerra, por ejemplo, en lo último que
piensa el ser humano es en el arte. Por lo tanto,
hacemos y pensamos en clave artística cuando hemos
pasado a niveles superiores de conflictividad.
Entonces el artista lo que hace es mostrar las
contradicciones, decirle al colectivo  que algo no va
bien y despertarle la conciencia, pero si no hay
verdad, conviccion y capacidad de entrega, el sujeto
pasivo de la acción cultural se va más confundido que
vino, pero ni se lleva el germen de la revolución ni
quiere volver a pensar en cosas que le hacen sentirse
mal consigo mismo.
Creo, por las experiencias que voy acumulando en estos
intensos meses de librero, fotocopiero, vendedor de
chichles y ahora también de helados, libros y tabaco,
me han hecho volver la vista hacia el amor, ese que se
escribe con A mayuscula. La gente está muy sola, se
siente traicionada por todo y por todos y busca algo
en qué creer. Mis más fieles adeptos comienzan a ser
gentes de más de 70 años, una profesora jubilada, un
ex soldado de la Wehrmach de Hitler durante la Segunda
Guerra Mundial. Un taxista, un chico que hace teatro y
quiere que quememos la librería para que la gente se
de cuenta de que aquí hay libros... Todos vienen a
hablar, a que se les escuche y se les brinde un poco
de aceptación, que yo traduzco, en defintiva como Amor
al prójimo.
Pero si no somos capaces de querernos a nosotros,
dificilmente podemos trasladar nuestro amor
transformador al prójimo.
Te besa tu papá.
(rubenadrianvalenzuela@yahoo.es)



Tags: Cuando uno no se quiere

Publicado por Desconocido @ 16:45
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