martes, 10 de febrero de 2009
"Cuando Serrat se arrancó con 'Mediterráneo' se me vinieron encima todos los recuerdos y me arranqué a llorar..."


Por Rubén Adrián Valenzuela  


Con las entradas agotadas desde hace meses para dos días y con un público totalmente entregado y aplaudiendo de pie, Joan Manuel Serrat, se presentó esta semana en el regio Palau de la Música Catalana, en Barcelona, justo siete días antes de emprender una gira que le llevará del norte minero en Antofagasta, a Coquimbo, Pucón y la muy turística y veraniega Viña del Mar, donde oficiará de plato fuerte en el Festival de la Canción.
Serrat, que ya bordea los 66 años (nació en Barcelona en 1943), como dice Joaquín Sabina en una de sus canciones, "es un fulano que tendría que estar prohibido", aunque luego el mismo Sabina reconoce que el autor de "Mediterráneo"  "cura las heridas con canciones". Pero a mí me resulta un personaje excesivo, que dicho en buen romance, apabulla. Su fama, que mueve montañas, su lírica, que convierte en poemas los abandonos y que no cree en la divinidad de Cristo, pero le canta saetas, es desconcertante.
En 1969 el escritor Jose María Gironella, autor de "Los cipreses creen en Dios " y "Un millón de muertos", le preguntó al cantautor catalán: "¿Cree usted en Dios?", obteniendo una respuesta que escandalizó en su día: "No. Me interesa mucho más en creer en el hombre como ente espiritual". Poco después puso música y grabó el poema de Antonio Machado "La saeta", donde canta al Jesús "que anduvo en la mar".
Sus inversiones empresariales, su epopeya como agricultor viñatero y envasador de vinos con su nombre alejan un poco la visión del cantante y compositor que decía en Mediterraneo "soy cantor/ soy embustero/ me gusta el juego y el vino/ tengo alma de marinero/...
El mismo escritor Manuel Vázquez Montalbán contaba, en una famosa "No entrevista a Joan Manuel Serrat", que la mejor visión del cantante "consiste en no verle" y la mejor entrevista que se le puede hacer "es no entrevistarlo". Y a pesar de que sus encontronazos con la prensa han sido de antología, le han respetado tanto que hasta cuando se supo que era padre soltero (antes de casarse tuvo un hijo, que hoy bordea la cuarentena, con la  modelo Mercé Domenech) trataron el tema con tanta delicadeza,  que no hubo ni el escándalo ni la controversia que han rodeado otros casos similares. Y casi todo el que pinta algo en el mundo de las letras, en España, lo ha entrevistado o ha escrito un libro sobre él, desde el mencionado Vázquez Montalbán, a la muy activa Margarita Riviere, pasando  por Baltasar Porcel, Lluís Bonet Mojica, José Mª Gironella, Angel Casas, Angeles Caso, Maruja Torres y un largo e inagotable etcétera, que incluye al
desaparecido cantautor uruguayo Alfredo Zitarrosa. Casi todos han ignorado o pasado de puntillas sobre el tema de su hijo secreto, pero ninguno la ha escatimado elogios. Es que en España Serrat fue durante muchos años el yerno que todo padre quiso tener y ahora el que todo mozo casadero quisiera como suegro

Yo he tenido más suerte con Serrat como persona física que como periodista. Una vez que intenté entrevistarlo para una importante revista chilena, en plena dictadura de Pinochet, me invitó a un café durante un descaso de los ensayos, en un céntrico teatro de Barcelona. Hablamos un rato, durante el cual él preguntó más que yo y se interesó por los `perseguidos políticos, los atropellos a los derechos humanos y la censura. Cuando le conté -porque de eso se trataba: de que lo supiera- que había alguna gente que estaba vendiendo sus relojes o empeñando sus anillos en " La tía rica", para ir a verle en el Estadio Nacional, se cogió un cabreo que casi acabó a puñetazos. Creyó que yo lo estaba acusando de cobrar muy caro para ir a cantar allí y se acabó la entrevista (yo la di por terminada), porque no me sentí capaz de aclararle que era un mal entendido. No me cuadraba el personaje al que yo había oído
cantar "Palabras de amor, sencillas y tiernas..." , con este iracundo que me acusaba de mala fe. Pasados unos años, me encontré con él, de nuevo, esta vez en una gasolinera de la autopista hacia la frontera con Francia. Coincidimos comprando agua o galletas y había muy pocas personas, así es que no hubo problemas para abordarle. Yo llevaba en un bolsillo la última carta de mi hijo Mauricio, que había muerto en un accidente en el baño de su casa, en pleno invierno de Chile. En esa carta, mi hijo que en España odiaba la música de Serrat porque yo vivía escuhandola, me decía que había ido al famoso recital del Estadio Nacional y  "cuando Serrat se arrancó con 'Mediterráneo', se me vinieron encima todos los recuerdos y me arranqué a llorar. Me acordé de esa vez que me dijiste en broma, claro, que en el cielo había un hilo musical por el cual, todo el día, estaban tocando canciones de Serrat y comprendí tu pasión por este catalán
maravilloso".
Serrat leyó la carta de mi hijo, de pié en medio de galletas y refrescos, y la devolvió en silencio. Luego me dió un número de teléfono, diciendo "Cuando estés en Barcelona, me llamas y hablamos". Nunca he conseguido que se ponga al teléfono, porque como decía Váquez Montalbán "cuesta llegar a él. Su teléfono está muy lejos..." Pero me lo he encontrado otra vez. En la calle, cerca del Palau de la Música, donde ensayaba para sus recitales. Y hemos hablado. Él dice que para Chile siempre estará dispuesto", pero ya no lo llamo por teléfono. Siempre, como decía Montalbán, "estará muy lejos". Más ahora que se ha convertido en agricultor y viñatero, pero va de nuevo a Chile... Visitará, el  martes 17, Antofagasta, el puerto por donde bajan al mundo los minerales de cobre más abundantes del mundo y donde Salvador Allende firmó, hacen ya más de 35 años, la famosa Ley de Nacionalización del Cobre, hasta entonces en manos
norteamericanas. Su encuentro con el mundo rudo y bronceado de los habitantes del norte de ese país andino puede ser histórico. O no. Las gentes del "Norte Grande"  (así llamado tras una novela de Andrés Sabella), se entregan sin dobleces cuando quieren. Pero desconfían de los vendedores de ilusiones, los tinterillos y los economistas del Nuevo Orden. El desierto de Atacama está muy cerca y el Mar Pacífico lo bordea todo. Si Serrat es ese que dice Sabina " que saca/cuando menos te lo esperas/ palomas de la paz de su chistera"... seguro que su paso por las arenas del norte lo recordarán durante mucho tiempo (rubenadrianvalenzuela@yahoo.es)




Tags: Padre soltero millonario

Publicado por Desconocido @ 21:10
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