martes, 10 de febrero de 2009
Y una noticia veráz y bien contada, como dijo José Couso antes de que lo acribillaran en Bagdag desde un tanque del ejército norteamericano, "bien vale la vida de un reportero".
 
 
Por Rubén Adrián Valenzuela                  
 
 
Pablo Gato emigró hace veinte años de Barcelona a Miami, donde a los 44 años trabaja como reportero de la cadena hispana de televisión, Telemundo. Hace poco presentó su discutible novela "El plan Hatuey", en la que enarbola una extraña teoría según la cual Cuba tiene hoy la capacidad militar para bombardear una central nuclear en Turkey Point, al sur de Miami y, como consecuencia, destruir toda esa extensa región de los USA.
Se puede o no estar de acuerdo con Gato, quien dice que las únicas veces que lo miraron mal por proceder de España fue cuando se identificó con el tristemente célebre José Mª Aznar y sus tropas en Irak: "Nos decían: Nos librásteis de Sadam. ¡Ahora váyanse!", pero no se puede ignorar que es un reportero que conoce su oficio. Formado en una escuela de periodistas que ahora parece no existir, Gato dice que su sueño es jubilarse sin que sus espectadores, jamás, conozcan sus ideas políticas "o el nombre del club de fútbol de mis amores".
Qué lección para tantos que no hacen otra cosa que refregarnos, cada mañana, desde las tertulias televisivas, que el partido tal o el equipo cual son lo mejor de su país.
Añoro los días en que mi viejos profesores de periodismo nos decían que "Un reportero honesto jamás podrá comprarse un traje de marca, a menos que lo consiga en las rebajas de enero". O aquello otro de que el lector nunca debe saber ni siquiera si te gusta el fútbol. "¿Qué podría pensar de su diario, un hincha del Español, si antes ha visto en la portada, al director, posando con la camiseta del Barça?"
La objetividad, que pocas veces fue posible, hoy ni se intenta entre la tribu periodística. Un joven reportero, contratado para sus primeras armas en el ABC, por poner un ejemplo, aparecerá en las tertulias de la radio o la tele, sin que le paguen más por ello, defendiendo las tesis de la derecha, atacando al Gobierno y satanizando al Estatuto Catalán, sólo porque instuye que así agradará a sus jefes y hará fácil carrera.
El lector, aquel sujeto y objeto de todos los esfuerzos periodísticos no interesa para nada a las nuevas generaciones de profesionales. "Se tragan lo que les echemos", dicen en los pasillos de Tele5 o Antena3 TV. Y por eso ya, cada día, se les cree menos y se les denigra más. Lejanos están los días en que la gente decía: "Salió en el Brusi" (antepasado gloriso de "El Diari de Barcelona" Guiño, para dar credibilidad a sus afirmaciones.
Impensable sería hoy una actitud periodística (y empresarial) como la del New York Times, que en tiempos de la guerra de Viet Nam rechazaba la oferta de ayuda y de vehículos militares norteamericanos para desplazarse haste el frente de batalla. "Aunque salga más caro y sea más peligroso" -decían- "garantizamos a nuestros lectores que la información que les damos es objetiva, imparcial y libre de censuras". USA perdió la guerra y el periodismo la posibilidad de poder seguir contando la verdad -su verdad- a públicos cada vez más amplios, más cultos y más ávidos de información contrastada.
Los famosos "periodistas empotrados" de la guerra de norteamerica contra Irak no sirvieron para dar mucha información. Lo que hicieron fue militarizarse y convertirse en portavoces del ejército invasor. A ninguno se le ocurrió alquilar un taxi, un camión o un tanque y salir a buscar las supuestas armas de destrucción masiva, que nos dijeron, eran la razón para esa guerra.
Pero no todo se ha perdido. Todavía nos quedan razones para el optimismo, en la prensa local y comarcal, donde, como dijo McLuhan "interesa más una pelea de borrachos en tu barrio que un bombardeo en una aldea perdida de las montañas afganas".
Ahora ha surgido un nuevo equipo de "periodistas empotrados". Los profesionales del semanario suizo "L'Hebdo" que se han instalado en un barrio de París, en la llamada "Banlieu" que estuvo ardiendo el otoño pasado, para contar desde las entrañas mismas del problema las razones de tanta conflictividad. "Se trata de democratizar la palabra y de que los propios protagonistas tengan la oportunidad de explicarse", dice el subdirector del semanario, Dennis Etienne, quien cuenta que la fórmula ha resultado tan novedosa "que no paran de llamarnos desde el New York Times hasta la BBC o la RAI".
Y es que los tiempos modernos nos han deparado una soprersa para la que no estábamos preparados: Hoy llama más la atención un trabajador que hace bien su trabajo, que uno que hace equlibrios en el trapecio. Y una noticia veráz y bien contada, como dijo José Couso antes de que lo acribillaran en Bagdag desde un tanque del ejército norteamericano, "bien vale la vida de un reportero".(rubenadrianvalenzuela@yahoo.es).

Tags: O la muerte de José Couso

Publicado por Desconocido @ 10:36
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