jueves, 05 de febrero de 2009
Éste -el Dios Jefe digamos-, estaba tan ocupado separando las aguas de la tierra y las sombras de la luz, que mandó a un subalterno, a un dios menor ¡vamos!, a hacer al hombre. Y cuando se dió cuenta de los resultados, intentó repararlo quitándole a la nueva criatura una costilla
 
Por Rubén Adrián Valenzuela           
 
 
 
Vivimos días peligrosos, llenos de embuste y dogmatismo. Como si todos los dioses perversos -dioses menores pero igualmente dañinos-, se hubiesen concertado para que los traidores nos parezcan héroes, los vendepatria constitucionalistas, los predicadores del infierno ángeles de la buena nueva. Estos días me han estado mostrando algunas de las emisiones de la tele Alyazeera. Son transmisiones vía satélite que se pueden ver, sin cortes ni censura, en cualquier carnicería o supermercado islámico del Raval, en Barcelona. De modo que cuando te están cortando el cuarto y mitad de un pollo capón o de un pavo de crianza, en el informativo de la mañana puedes ver cómo un soldado israelí pone entre dos piedras el bracito indefenso, desnudo, de un niño palestino y lo parte en dos con la culata de su fusil,  "para que no siga alterando". O mientras te preparan la hamburguesa especial, esa que tiene muchos condimentos propios de la cocina marroquí, el locutor muestra la mano de un niño, también palestino, al que le cortaron los cinco deditos para que no siguiera tirando piedras a los soldados invasores que patrullaban las calles de su ciudad.
¿Que no era que la "Historia universal de la infamia" la escribió Jorge Luis Borges allá por 1935? Y todos estos capítulos que nos ha ido regalando la realidad desde entonces, ¿dónde los vamos a poner?
¿Quién le va a afear su conducta, en el futuro, a esa mujer que, enfadada porque su hijo pequeño le dió un manotazo al plato con sopa, salpicándolo todo; cogió la mano del niño y la clavó, con clavo y martillo, sobre la cubierta de la mesa?
¿Cómo van a poder explicarse ante sus hijos, nietos y demás descendientes, todos esos que en algún momento del día, durante cuatro horas, se sentaron en el Metro de Nueva York, al lado de un hombre que había muerto a primera hora de la mañana, víctima de un ataque al corazón?
Pero ni falta hace que nos vayamos a los USA o a Oriente Medio para ver la locura en la que estamos inmersos. En la plaza de Cataluña, en pleno centro de Barcelona, un periodista estuvo tirado en el suelo toda una mañana, simulando que estaba enfermo y necesitaba ayuda. Incluso algún conocido que pasó por allí ni se dignó mirarlo, para no ver a aquel que "afeaba el paisaje" con su humanidad caída en medio de un paseo de tanta prosapia.
Somos una sociedad enferma. Angeles caídos, pero ángeles demoníacos que sólo vivimos para satisfacer nuestras ansias de figuración y alimento.
Borges decía que este mundo iba mal por culpa de dios. Pero no del Dios Padre, hacedor de todo el Universo. Éste -el Dios Jefe digamos- estaba tan ocupado separando las aguas de la tierra y las sombras de la luz, que mandó a un subalterno, a un dios menor ¡vamos!, a hacer al hombre. Y cuando se dió cuenta de los resultados, intentó repararlo quitándole a la nueva criatura una costilla, con la que hizo a la mujer. Pero ni así se arregló la cosa: si la pasta original era mala, mala tenía que serlo, también, la clonación. Y por mucho que el Señor se esforzara, nos quedamos como estábamos. Ahora sólo falta que venga Sebastián Piñera y gane las elecciones de diciembre.(rubenadrianvalenzuela@yahoo.es)
 
 

Tags: Ángeles caídos

Publicado por Desconocido @ 23:10
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