miércoles, 04 de febrero de 2009

No hay actividad humana imaginable donde los sentimientos de amor entre personas del mismo sexo puedan estar ajenos. Es más, pudiera ser que su ausencia fuese la evidencia de que algo no va bien.  Por Rubén Adrián Valenzuela


La película de Ang Lee "Broukeback mountain", nos viene a hablar de la relación homosexual de dos cowboys en Wyoming, como si el amor entre personas del mismo sexo, en esos ámbitos, fuesen cosa del otro mundo. Fíjense ustedes que un vaquero puede estar enamorado de una vaca, de un caballo o de un perro sin que nadie se escandalice, pero si el amor es entre dos rudos pastores de ganado, entonces viene el escándalo y la polémica.
Pero es que las historias de amor homosexual tanto en el cine como en el teatro y la literatura siempre han llamado la atención. No porque constituyan en sí un escándalo, sino porque indagan allí donde se piensa que no hay lugar para el amor entre personas del mismo sexo. Y porque se supone, erroneamente claro, que hay actividades propias del ser humano donde no es posible ni permisible la homosexualidad, olvidando con perversidad que allí donde haya seres humanos habrá lugar para el amor.
Antes existía una especie de verdad no discutida acerca del mundo militar, hasta que coroneles, tenientes y capitanes comenzaron a salir del armario, cambiar de sexo y contraer matrimonio con sus parejas. A nadie asombra hoy la referencia a "gays de uniforme" que con frecuencia hacen los medios. Y es un hecho cultural, que no nos sorprende, que grandes conquistadores, como Alejandro Magno o famosos guerreros, como el general Patton y el discutido Lawrence de Arabia fueran homosexuales.
Muchos se sentirían hoy no sólo impactados sino dislocados en sus convicciones, si se enterasen de pronto que ha habido próceres militares, "padres de la patria" en las colonias independizadas de España o Francia, que fueron "mariquitas" y hasta gobernaron con sus amantes, encumbrados a cargos tan relevantes como ministro de Economia o de Guerra. (Este tema es una de mis tesis aún en desarrollo y por lo mismo me abstengo de hacer más comentarios al respecto).
¿Y el mundo del fútbol? ¿Quien se atrevería a admitir, hoy, que algunos de sus grandes ídolos en el Barcelona, el Real Madrid o el Sevilla (por citar ejemplos de casos sobre los que he recibido información) "entienden"?
Porque pareciera ser que deportes como el tenis, la natación, el boxeo, la halterofilia o el ciclismo pueden admitir con cierta naturalidad, en sus filas, el lesbianismo y la homosexualidad. Mientras que en el fútbol, los cowboys (y todo el mundo del rodeo) el rugby o la Fórmula Uno no se los puede ni imaginar. Allí todos muy machos, todos muy sanos y fuertes (si bien circula una que otra versión capciosa sobre la dudosa virilidad del campeón 2008, Lewis Hamilton).
No hay actividad humana imaginable donde los sentimientos de amor entre personas del mismo sexo puedan estar ajenos. Es más, pudiera ser que su ausencia fuese la evidencia de que algo no va bien.
Por eso me sentí como aliviado la tarde en que un médico amigo me dijo, en su consulta, que a diferencia de Chile, donde una mujer rige los destinos del país desde La Moneda, "los españoles podrían estar preparándose para elegir a un gay como próximo inquilino de La Moncloa".
De nada sirvieron mis alegaciones en el sentido de que el candidato es casado, tiene mujer e hijos. "¿No los tienen también algunos homosexuales españoles muy famosos? ¿Y no los tenían los dos vaqueros de la película de Ang Lee? Mira, si las próximas elecciones generales no las gana Zapatero, esto se verá".

Tags: ¿Y el mundo del fútbol?

Publicado por Desconocido @ 11:49
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