Cuando en Chile los políticos decían que uno al que se habían llevado de su casa los militares (para después hacerlo desaparecer) "por algo sería", no querían darse cuenta de que cuando la democracia se acaba, se acaba para todos. Por Rubén Adrián Valenzuela
Los amigos con los que suelo reunirme en una tertulia en el hotel Podium de Barcelona (Bailén 4-6), casi nunca quieren hablar de poesía, por mucho que varios se declaran "nerudianos empedernidos".
Es como si todos esperasen que, por mi condición de periodista, les cuente lo último en materia de corruptelas, crímenes pasionales, amoríos del conseller y boquerones en vinagre.
El otro día me tuve que defender como Günther Grass, que en una conferencia organizada por el Círculo de Lectores pidió que no le preguntaran más sobre la unificación de las dos alemanias, el matrimonio de los homosexuales y la incorporación del euro a nuestras vidas, alegando: "¿Y dónde está la literatura, señores... La literatura que, se supone, es de lo que sabemos los escritores?"
A mi de lo más que me han hecho hablar en el último tiempo, es del debate por el Estatuto Catalán. Como si yo pudiese explicarlo mejor que los propios nativos de esta tierra. Ninguno comprende -yo tampoco-, en qué van a mejorar nuestras vidas si en el documento que se apruebe dice que Catalunya es una nación y no una nacionalidad. Pero todos se mostraron unánimes al acusarme de "alarmista" y "catastrofista" cuando les dije que veía aquí el mismo estilo de intoxicación y de agitación que la derecha chilena usó para preparar el golpe que iba a acabar con el Gobierno legítimo de Salvador Allende...
Ahora que el teniente general Mena Aguado dijo lo que dijo en un acto institucional, en Sevilla, están más dispuestos a escucharme. Ahora que en el PP se han negado a condenar el hecho, diciendo que si el militar dijo lo que dijo "por algo será", culpando de paso a Rodríguez Zapatero por "crear tensión inútilmente", muchos han llegado a la conclusión de que las derechas aquí, en Chile o Portugal son como gotas de agua. Clónicas, diría yo y no se dan cuenta de que los tiempos cambian y la gente (no sólo cambia) se hace más lista y mejor informada.
Cuando en Chile los políticos decían que uno al que se habían llevado de su casa los militares (para después hacerlo desaparecer) "por algo sería", no querían darse cuenta de que cuando la democracia se acaba, se acaba para todos. Y si ayer vinieron por el vecino, mañana pueden venir por La Castellana.
Y es que afirmaciones como las del presidente del PP en Catalunya, Alejo Vidal-Cuadras "Hay que pasar sin vacilación al ataque..." tendrían que hacernos pensar que algunos, como dijo Bono (el ministro no el cantante) "están dispuestos a tirar el edificio si al final se van a quedar con el solar".
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