Uno de los misterios más celebrados en el mundo cristiano es el momento en que Jesús de Nazaret es bautizado por Juan, con la intención de "ser purificado" por las aguas del río Jordan.
Por Rubén Adrián Valenzuela
En septiembre del 2006, en Orense, tuvo lugar un encuentro internacional de Ecología del Agua, en el que una de las estrellas invitadas fue el investigador japonés Masaru Emoto, a quien las nuevas generaciones, en todo el mundo, comienzan a adorar como a un Cristobal Colón de las ciencias.
Emoto, nacido en julio de 1943 en Yokohama, desarrolló una técnica basada en el MRA (Magnetic Resonance Analyzer), que le permitía "ver" y medir el agua en su esencia o lo que es lo mismo, el HADO: "energías sutiles relacionadas con la conciencia".
A partir de la incorporación del MRA, el investigador japonés obtuvo unos resultados tan sorprendentes e inesperados, que están revolucionando todo el conocimiento que se tenía sobre el agua, sus propiedades y el efecto que ejerce sobre nuestras vidas.
En realidad, si miramos al pasado y vemos que en todas las culturas, desde que el hombre está sobre la tierra, el agua ha sido un elemento insustituible en el desarrollo de la espiritualidad y ciertas religiones, comprenderemos mejor el impacto de los hallazgos de Emoto. Baste con remitirnos a las ceremonias del agua en ciertas culturas mesopotámicas, el bautismo en ríos sagrados tanto en la antigua Israel (el Jordán), como en la India (el Yangtze), los cinco ríos sagrados del Kailas, en el Himalaya (Brahmaputra, Karnaly, Sutlej, Indus y Ganges), o el Amazonas en Sudamérica; sin lvidarnos del Nilo en Egipto, el Eufrates en el hoy traumatizado Irak o el Alfeo, en Grecia.
Y uno de los misterios más celebrados en el mundo cristiano es el momento en que Jesús de Nazaret es bautizado por Juan, con la intención de "ser purificado" por las aguas del río Jordan.
Por eso, cuando Emoto descubrió que las células del líquido elemento se alteraban formando armoniosos cristales si eran bien tratadas, bendecidas o consideradas como factor de armonía, entendió que la humanidad entraba en una nueva era, de la que han comenzado a tener noticias los jóvenes idealistas de las más diveras culturas.
Los asombrosos hallazgos del investigador japonés se han reproducido por otros científicos en todo el mundo y siempre con los mismos resultados:Como se forman diferentes clases de cristales dependiendo de palabras, sonidos, imágenes a las que se expone.
Más adelante Masaru Emoto aplicó el mismo principio en una escuela pública del japón, donde puso dos frascos de arroz, en agua pura. Al primero se le decían todos lo dias palabras agradables (<<Gracias>>, <<Eres especial>>, etc) mientras que al segundo se le decían palabras despectivas (<<¡Eres un tonto!>>, <<¡Imbécil!>>, etc). Al cabo de un tiempo el segundo se pudrió mientras que el primero conservaba aun un excelente aspecto y aroma.
Un monje tibetano que participó de las experiencias de Emoto bendijo una fuente de agua a la que luego se congeló para poder fotografiar sus partículas. El resultado fue de un impacto increible, ya que se obtuvieron unas imágenes de armonía y perfección pocas veces vista en la naturaleza. Las mismas aguas fueron después objeto de rituales y bendiciones por una sacerdote católico y el resultado fue... diverso, lo mismo que cuando se las sometió a música clásica, rock o heavi metal.
Con sus fotos y películas, Emoto montó una exposición en una de las estaciones del Metro en Londres y hubo personas que declararon que ante la sola presencia de dichas imágenes sintieron cómo les indavía un cierto bienestar y armonía.
El investigador japonés dice que si se piensa que el hombre viene al mundo en un medio líquido que, en el vientre materno es del 95 por cien y que se conserva en la edad adulta en torno al 70 por cien, es fácil deducir cómo reacciona nuestra propia agua corporal frente a tratamientos como el insulto, la diatriba o la agresión.
Ahora y gracias a estos nuevos descubrimientos se están multiplicando por cientos los partos en el agua y se ha podido comprobar que los niños, cuanto más pequeños e inocentes pueden influir en la composición del agua que beben ellos o sus padres. La escritora alemana Bärbel Mohr, autora de más de 15 libros, habla ya de "Niños luz" y dice que serán seres excepcionalmente dotados y preparados para construir un mundo en paz y armonía. Entre las expriencias que cuenta, afirma que sus hijos pequeños, jugando con el agua de beber, en la mesa, han logrado resultados tan sorprendentes como los que obtuvo Masaru Emoto en sus laboratoroios. Así, por ejemplo, poniendo papelitos escritos o coloreados y aplicando sus manos sobre el vaso que contenía el agua que iban a beber, lograron cambiar el sabor y hasta la potabilidad, consiguiendo un producto más sano y apto para el consumo.
De verdad y ahora que el agua comienza a escasear en las vidas de millones de seres humanos, deberíamos preocuparnos por saber qué cosas nos cuenta este elemento y cómo sacarlo de las entrañas de la tierra, donde aun hay ríos subterráneos, inmensos, misteriosos y llenos de encanto. Volveremos sobre el tema, se los puedo asegurar. (
rubenadrianvalenzuela@yahoo.es)
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