martes, 20 de enero de 2009
UN GRAN PODER CONLLEVA UNA GRAN RESPONSABILIDAD
Si hasta ese superhéroe de otros tiempos, creado por Stan Lee en 1962 ( y que hoy encanta a nuestros hijos) llamado Spiderman, era/es un simplón, incapaz de servirse de sus poderes arácnidos, en beneficio propio.




Por Rubén Adrián Valenzuela    Ilustración Krahn


Viendo la gira triunfal de Isabel Pantoja tras su
implicación en los hechos que investiga la Justicia en
Marbella, no he podido dejar de asociarla con aquel
chorizo que se llevó un furgón de seguridad cargado de
millones. El Dioni le llamaban o se hacía llamar y
además de calvo, flaco y casposo, era bizco, lo que no
fue impedimento para que le aclamaran las multitudes y
aquel filósofo de tragaperras llamado Joaquín Sabina
le dedicara una de sus más logradas canciones.
“El delito no paga”, decían nuestros abuelos y era,
con frecuencia, la frase con que terminaban las
películas moralistas que nos mandaban los U.S.A., de
la época de aquel Torquemada moderno llamado Joseph R.
McCarthy. Y nosotros nos lo creíamos y éramos felices
siendo “pobres pero honrados”. Admirábamos a aquel que
daba muestras de honestidad a ultranza y nuestros
héroes eran aquellos que no se servían del cargo o de
sus poderes para lucrar a su antojo. Si hasta ese
superhéroe de otros tiempos (creado en 1962 por Stan
Lee), que hoy encanta a nuestros hijos, Spiderman,
era/ es un simplón incapaz de servirse de sus poderes
en beneficio propio. Su padre o su tío, ya en trance
de muerte, le inculca la idea (que determina todas sus
acciones) de que “un gran poder conlleva una gran
responsabilidad” y él, que puede volar sobre los
rascacielos de Nueva York y enfrentarse a enemigos
poderosísimos, se gana la vida vendiendo pizzas y
alquilando un cuartucho inmundo que apenas le sirve
para ocultar sus miserias, pero sin usar sus poderes
para salir de pobre.
Eran otros tiempos y eran otros hombres: “Más hombres
los nuestros”, dice un tango.
En la España posterior a la guerra (in-civil) de 1936
se popularizó el cuplé “La chica del 17/ de la
plazuela del Tribulete”, donde las vecinas, según
letra del compositor Durán Vila i Boixader,
manifestaban su inquietud por saber “¿de dónde saca pa
tanto como destaca” aquella moza que sin pegarle un
palo al agua vestía “cómo en París”.
Pero ahora los chorizos llenan los estadios, ocupan
las mejores cuotas de pantalla y cobran a las cadenas
de Tv por contar sus ruindades. Ya nadie se
escandaliza por los dineros negros y los negocios
sucios. Si la Pantoja se llevó, o no, algunos de los millones
que su amante en el Ayuntamiento de Marbella sacó de
las arcas municipales, es algo que no preocupa a nadie.
Y van y le pagan para que, desde un escenario, esta
vez desde Sevilla, le rinda homenaje a su cómplice en
los chanchullos y rival en la cama, Mayte Zaldivar. Y
le sigue en la programación una que se ha acostado con
medio equipo del Real Madrid, ha abortado de Pedro,
Juan y Diego y se ha dado unos cuantos revolcones con
ese modelo de deportista que es David Beckham.
¡Los inmorales nos han igualao!, predicaba otro tango,
con letra del filósofo Enrique Santos Discépolo, en el
que se nos venía a decir que los tiempos que corren no
han de asombrar a nadie, pero... ¡cuánta falta nos
hacen!
Fíjense que en casi medio centenar de ayuntamientos de
España (todos regentados por la derecha más innoble de
este país) van a entronizar a alcaldes y regidores que
están bajo la lupa de la justicia. Unos por chorizos,
otros por prevaricadores, corruptos, tramposos, y
tránsfugas. Todos premiados por el voto ciudadano, no
por fidelidad política (que la política en el pasado
también fue otra cosa), sino porque tienen más y han
sabido llevarse los dineros, con astucia, a paraísos
fiscales inalcanzables para la justicia española.
“Hoy resulta que es lo mismo/ ser derecho que traidor/
ignorante, sabio, chorro, generoso, estafador”, seguía
diciendo el tango de Discépolo con el que nadie, hoy,
parece sentirse aludido. Ya el honor parece ser cosa
del pasado, manías de nuestros abuelos que hoy se
morirían de vergüenza sólo con ver lo que nos cuentan
en los telediarios. Mientras tanto la Pantoja va por
allí cantando aquello de que “se me enamora el alma” y
haciendo caja, mientras  los ingenuos asaltan las
taquillas para ver que ningún traje de presidiarios ni
ninguna celda con barrotes va a mellar, de sus idolos,
el morro que ya es de fábula.
(rubenadrianvalenzuela@yahoo.es)




Tags: Ya ni pobres ni honrados

Publicado por Desconocido @ 15:19
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