viernes, 16 de enero de 2009
La profesión de
juez -que junto con la de prostituta debe de ser una
de las más antiguas sobre la faz de la
tierra- ya le daba dolores de cabeza al Dios de los
hebreos, según nos cuenta el Antiguo Testamento. ¿Qué
podemos esperar nosotros, pobres mortales, de nuestros
hombres de leyes?


Por Rubén Adrián valenzuela  Ilustración Krahn



Un juez de Fuenlabrada, en Madrid, se apresuró a
dictar sentencia contra un padre que, en ejercicio de
sus facultades y mientras gozaba de unos días de
vacaciones junto a su hijo de diez años, llevó al
niño a correr delante de unos bueyes en los encierros
de San Fermín.
Dice que es porque había peligro para el pequeño y
porque el hombre daba muestras de querer repetir su
"irresponsable actuación".
De ser esto cierto, estaríamos en presencia de la
primera acción preventiva de la Justicia española, un
caso inédito, peligrosamente parecido a las guerras
preventivas de Bush y sus "asociados".
La ley nunca ha juzgado y condenado intenciones ( de
ser así, muchas mujeres que han sido víctimas de la
violencia doméstica estarían vivas aún ) y mucho menos
en casos tan poco flagrantes. Un padre divorciado que
en el uso del régimen de visitas que le ha asignado
otro juez, va con su hijo de vacaciones a un sitio
que, como en el caso de Pamplona en San Fermín, les es
particularmente atractivo.
Las escenas del encierro en las que el hombre cometió
su "delito", lo muestran corriendo con su hijo de la
mano (no lo ha dejado solo ante un supuesto peligro),
delante de una manada de bueyes -toros mansos les
llaman en San Fermín-, que no resultan peligrosos ni
para sí mismos.
Pero había cámaras de televisión y el juez, el dichoso
juez madrileño, vio la oportunidad para sus 15 minutos
de gloria y se decidió a chupar cámara, disputándoles
ese derecho a Valverde y Pereiro, que bastantes más
méritos han hecho con su actuació en el "Tour de
France".
Este caso nos habla más del estado actual de la
judicatura española que del celo de una madre por la
seguridad de su hijo. Más peligro debe haber visto el
chico desplazándose en patinete o bicicleta por las
atiborradas y caóticas calles de Fuenlabrada, que
corriendo delante de los mansos cabestros de San
Fermin.
Sentencias como la comentada -que por cierto habría
que registrar como una de las más rápidas muestras de
"justicia/express" en este país-, nos hablan del
estado de uno de los tres poderes en los que se
asienta la Democracia, lo cual no quiere decir que los
otros dos, el Ejecutivo y el Legislativo, vayan muy
bien que digamos.
Pero el Judicial, el Poder Judicial que debería ser la
columna vertebral del Estado de Derecho en cualquier
país civilizado, en éste de la península se
desenvuelve en un marasmo que ya clama al cielo.
Jueces divididos en conservadores y demócratas,
prevaricadores y ascetas, corruptos o recatados,
conspiracionistas u oficialistas...la profesión de
juez -que junto con la de prostituta debe de ser una
de las más antiguas sobre la faz de la
tierra- ya le daba dolores de cabeza al Dios de los
hebreos, según nos cuenta el Antiguo Testamento. ¿Qué
podemos esperar nosotros, pobres mortales, de nuestros
hombres de leyes?
Ellos, que habían sido llamados por Dios para
preservar la identidad de su pueblo (¿por qué será que
se me ocurre pensar en esos jueces de derechas que
están tratando de vaciar de contenido el Estatuto de
Catalunya?), se apartaban de su sagrada misión y
decidían que se debía adorar al Becerro de Oro. "Pero
en su gran misericordia Dios volvía una y otra vez a
suscitar liberadores para que ayudaran al pueblo a
mantener su identidad y libertad", según reza uno de
los comentarios introductorios del Libro de los
Jueces, en el Deuteronomio.
Hace tiempo ya que dejé de esperar nada bueno de la
justicia española, desde que una jueza de Familia,
puesta a decidir sobre quien se quedaba con la
costudia de mi hijo, preguntó a la madre: ¿Se lleva
bien el niño con su padre? Y cuando le quise pedir que
me preguntara lo mismo que a la otra parte, me mandó
callar y dictó sentencia.
Ahora, parodiando el título del libro de mi buen amigo
Pere Bonnin ("Los pobres jueces de la democracia"),
tengo que decir que me apena mucho la pobre democracia
que nos están legando los jueces. Es que la justicia
es una cosa demasiado seria para dejarla en manos de
gente tan dispuesta al cachondeo, como dijo una vez
cierto alcalde andaluz
(rubenadrianvalenzuela@yahoo.es).

Publicado por Desconocido @ 8:35
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