miércoles, 14 de enero de 2009
El investigador japonés Masaru Emoto cree que el verdadero mensajero de Dios es el agua. Y, como Tales de Mileto, sostiene que es el "arjé", el Principio de Todas las Cosas.


Por Rubén Adrián valenzuela    Ilustración Krahn

A mucha gente parece causarle incredulidad y hasta
desprecio la afirmación de que el agua -las moléculas
de agua más bien-, tiene memoria. El doctor Emoto
cree, sin embargo, que una de las grandes fuentes de
transmisión de datos y conocimientos es, desde tiempos
inmemoriales, este elemento líquido, esencial para la
vida en la tierra.
Al respecto, el investigador japonés suele citar la
teoría morfogenética según la cual "todas las
informaciones, desde las más antiguas y ancestrales,
están guardadas en forma de vibraciones" y se accede a
ellas del modo más insospechado.
La "ley del centésimo mono", que ya les anticipaba en
mi anterior entrega, es enunciada por los
comportamentalistas como un ejemplo característico de
la teoría morfogenética de la información contenida y
transmitida en el agua.
Esta se basa en estudios de campo durante los cuales
unos científicos observaron cómo unos monos de una
isla en Sumatra comenzaron a lavar las patatas en un
río, antes de comerlas.
El doctor Emoto dice que es probable que esta
costumbre la iniciara, por casualidad, un mono
curioso. Pero pronto otros macacos comenzaron a imitar
a su compañero y así, al comprobar que la patata
lavada era más deliciosa, la cosa se generalizó.
Pronto hubo más de cien monos lavando su comida y es
de aquí donde surge la llamada "Ley del centésimo
mono" que, se estima  es el número de sujetos que
debe adoptar una costumbre para que  se
generalice.
Lo extraordinario de esta investigación es que al cabo
de poco tiempo, en otra isla, distante cientos de
kilómetros de la primera, otro grupo de monos comenzó
a lavar sus patatas antes de comerlas, sin que hubiese
existido ninguna forma de comunicación entre ambas
tribus de monos. Salvo, claro, que admitamos que la
información viajó, en un campo vibratorio que contiene
la información generada por la "masa crítica" (los
cien primeros monos) capaz de generar la intensidad
necesaria para que otros sujetos reciban y
decodifiquen el mensaje.
Es bastante probable que el campo vibratorio inicial
haya estado contenido en el agua -único nexo que los
investigadores creen detectar entre ambos grupos de
monos- y la cuestión ahora consiste en saber cómo ha
sido posible que los monos decodificaran los archivos
memorísticos del agua.
El doctor Emoto ha desarrollado un método, en su
laboratorio, que consiste en congelar partículas de
agua después de haberla sometido a tratamientos tales
como palabras amables, bondadosas, religiosas o de
amor, al mismo tiempo que a otras las insultaba, hacía
escuchar música estridiente o las sometía a mensajes o
colores desgradables. El resultado ha sido
espectacular, pues al fotografiar estas moleculas
cristalizadas, antes de su descongelamiento, ha
obtenido imágenes bellas, armoniosas y llenas de
formas sugerentes, en tanto que las aguas sometidas a
"malos tratos" son feas, sin armonía en las formas y,
casi se diría, enfadadas.
Según el sabio japonés, ha llegado a establecerse que
"el agua lee y registra mensajes" y así, por ejemplo,
ha podido influir en las partículas al poner mensajes
escritos en recipientes o vasos en los que se había
depositado agua de los más diversos orígenes.
Recientemente se ha sabido que un grupo de personas
logró purificar el agua de un pantano en
descomposición, sólo con reunirse a cantar y rezar en
las orillas del lago.
Otros estudiosos, entusiasmados con las experiencias
de Masaru Emoto recuerdan el experimento del doctor
Alexis Carrel con un corazón de pollo al que mantuvo
vivo durante muchos años, alimentado sólo con agua de
mar.
Emoto, que hablará en el "II Forum de la Excelencia", que organiza la
Librería Excellence de Barcelona, cree que el
verdadero mensajero de Dios es el agua. Y, como Tales
de Mileto, el primer filósofo presocrático, "sostengo
que el agua es el <arjé>, el principio de todas las
cosas".
Quienes estén interesados en los trabajos del doctor Emoto y no puedan
asistir a su conferencia "El despertar de la conciencia", les queda el
consuelo de hacerse con un ejemplar de "¿¡Y tú qué
sabes!? Dentro de la madriguera", la película donde se
recoge parte de sus experiencias y que circula entre
los adeptos a las nuevas teorías cuánticas, como antes
la marihuana entre los hippies. (rubenadrianvalenzuela@yahoo.es)

Tags: La memoria del agua

Publicado por Desconocido @ 19:00
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