MASARU EMOTO ( 1ª PARTE)
Por Rubén Adrián valenzuela Ilustración: Krahn
Alguna vez, no hace mucho, en esta misma columna les
hablé del Dr. Masaru Emoto y sus experiencias a partir
de las moléculas de agua cristalizada.
Ahora resulta que el Dr. Emoto viene a Barcelona, a
unas jornadas en las que se hablará del agua y la vida
-lo que para mí es un pleonasmo, ya que ambas son una
misma cosa-, pero especialmente de la fe que se ha de
tener en estos trabajos de investigación que, a pesar
de no ser rigurosamente científicos, tienen la virtud
de ser comprobables por cualquiera.
El agua es vida. La vida es agua. Ya se ha dicho y
establecido. Pero el Dr. Emoto va más lejos y
evidencia que "el agua es, desde siempre, un símbolo
del alma".
Es probable, incluso que el alma, tal como la
concebimos los occidentales, sólo sea agua. Por eso
que al exhalar el último suspiro un ser humano pierda
exactamente 600 gramos de peso, cosa que llevó al
neurocirujano chileno Brennio Oneto (recientemente
fallecido) a afirmar en televisión que "el alma humana
pesa 600 gramos".
Esto se ha explicado científicamente por el hecho de
que al morir, nuestro cuerpo pierde humedad. El agua,
que en los humanos llega a ser el 70%, se evapora,
levita sobre el cadaver y se va..."hacia arriba,
ascendiendo en oposición a la fuerza de gravedad",
según manifesta el investigador japonés que nos
visitará en breve.
Y entonces, por el resultado de sus trabajos, por la
seriedad irrebatible de sus conclusiones, no podemos
dejar que Emoto venga a nosotros como una espectáculo
de feria más. Hay que ir a verlo, escucharlo,
divulgarlo... Es fundamental que veamos con sus ojos
todo lo que nos puede enseñar el agua.
"La vida se ha desarrollado a partir del mar" -dice
Emoto-, "y el feto humano se ha formado un ambiente
líquido, respirando como los peces y constituyendo un
organismo que es más de la mitad, hasta en un 70% sólo
agua".
Pero hay más, en torno al vital elemento. Es el único
requisito sin el cual no hay vida sobre la faz de la
tierra que, cuando deja su estado líquido para
convertirse en sólido, es más liviano, lo que es
importante para la conservación de ciertas especies.
"Si el hielo pesara más, los lagos comenzarían a
helarse desde el fondo, como los cubos de hielo en la
nevera, y toda la vida allí presente se extinguiría"
-sigue diciendo Emoto-. "Al constituirse una capa de
hielo en la superficie, los seres vivos pueden seguir
existiendo bajo un manto protector".
Cuando el agua se evapora (el alma), levita y sube,
pese a su peso, contraviniendo la ley de la gravedad.
Esta misma propiedad es la que permite la aparición de
las llamadas "aguas artesianas", que no son otra cosa
que los manantiales subtarráneos, que al aflorar a la
superficie revelan propiedades curativas, aptas para
la vida y su desarrollo.
El Dr.Emoto, que ha desarrollado un método que permite
fotografiar las moleculas de agua cristalizada en su
laboratorio, afirma que el vital elemento es
probablemente el "karma" del que hablan algunas
religiones y destaca el hecho de que una misma gota de
agua puede haber estado circulando durante millones de
años, alimentando alguna vez a los dinosaurios y
grandes reptiles hoy desparecidos, lo mismo que a los
faraones de Egipto o a los presidentes de las naciones
más poderosas del mundo.
"El agua tiene memoria" -dice el investigador japonés
- "y se transforma en una evolución cíclica, que nos
lleva de un modo natural a la idea de la
reencarnación". Contiene pues información y saber, que
se conservan en el tiempo y se transmiten de modo
misterioso". Al respecto cita la llamada ley
morfogenética del "Centésimo mono", que para los
comportamentalistas es ya una verdad comprobada y de
la que les hablaré en una próxima entrega. Si les
apetece, claro. (rubenadriánvalenzuela@yahoo.es)